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Barrio Covadonga: 25 años de conciencia social crítica.

Una etapa de evidentes éxitos para las luchas vecinales sobre las que la Asociación Besaya contagió a otros barrios de Torrelavega. 

Esta barriada para acoger a familias obreras pasó de casi un “gheto” a un hábitat que aunque insuficiente puede calificarse de digno

 

 

La Asociación de Vecinos Besaya, del Barrio Covadonga, celebra estas semanas con distintos actos su veinticinco aniversasrio de historia, tiempo en el que ha desarrollado a favor de su comunidad y, en general, de la ciudad, una conciencia vecinal y social desde visiones críticas y reivindicativas, que con el sacrificio y el riesgo de sus protagonistas han logrado que una barriada que surgió casi como un “gheto” para solucionar con urgencia problemas de vivienda, disfrute hoy de un hábitat que aunque todavía insuficiente puede calificarse de digno.  

El Barrio Covadonga surgió en los principios de los años sesenta para dar inmediata respuesta a la necesidad de vivienda de numerosas familias obreras que llegadas de municipios limítrofes y de otras provincias, encontraban trabajo en las fábricas torrelaveguenses, entonces con plantillas superiores a los dos mil quinientos trabajadores y, que en una fase de clara expansión industrial, precisaban de mano de obra no cualificada para mantener su actividad. 

La primera zona del barrio fue habitada en lo que hoy día se conoce como los números 40 y 50 de la calle Julio Ruiz de Salazar; con posterioridad, en 1960, serían habitadas casi trescientas viviendas en la calle Amancio Ruiz-Capillas; les seguirían las calles Río Ebro y perpendiculares que bajo la denominación  propiamente dicha de Barrio Covadonga, fueron habitadas entre los años 1964-65. Ya en años posteriores, 1970, se edificaron los bloques cercanos al río Besaya y, finalmente, en los años ochenta se entregarían las últimas construcciones del barrio, que comprenden parte de la avenida Besaya, así como la calle Río Cieza.  

La falta de disciplina urbanística, la necesidad imperiosa de construir para albergar a cuántos llegaban a Torrelavega para trabajar en las fábricas locales y, consecuentemente, la grave carencia de medios económicos para afrontar desde el Ayuntamiento las muchas necesidades de la nueva barriada, fomentaron que este nuevo lugar de Torrelavega creciera en un gran desorden y en circustancias insoportables para sus vecinos. Hay constancia gráfica del estado de sus calles, la inexistencia de plazas escolares o algunas construcciones públicas de la antigua Obra de la Falange que en la superficie de un piso al final salían dos y hasta tres.  

Ante las necesidades evidentes del barrio para convertirle en un lugar habitable y algunas carencias importantes en la construcción, los vecinos que habían llegado desde lugares geográficos muy diversos, fueron uniéndose, comenzando las primeras reuniones en casa del matrimonio de Pedro González Salas, ya fallecido, y de Teresa Bonilla Carmona; más tarde en el local que hacía de iglesia y que se encontraba junto a la antigua barbería de Pepe. Los problemas más urgentes que ocuparon a aquella animosa (y todavía ilegal) junta vecinal, se centraron en la falta de plazas escolares, el estado de las calles que con tantos baches, justificaba que los camiones de la recogida de basuras, suministros o, los taxis, se negaran, con frecuencia, a circular por el barrio. 

En los años setenta la asociación vecinal funcionaba gracias a la Asociación de Amas de Casa de Torrelavega –entre las promotoras destacaban dos vecinas del barrio, Esperanza Ahumada y Teresa Bonilla- y de la Hermandad Obrera de Acción Católica, movimientos ciudadanos y sindicales a los que se sumarían, posteriormente, los partidos políticos de izquierdas que comenzaban a salir de la clandestinidad y ciudadanos sin adscripción política. La primera victoria del colectivo vecinal fue que el Ayuntamiento retirara su intenciones de urbanizar el barrio a través de contribuciones especiales, decisión que fue largamente combatida y conflicto en el que ya fueron decisivos los primeros directivos de la Asociación encabezados por José Montes Sánchez, primer presidente, y la decisiva participación de Gonzalo Rincón, conocido asesor urbanístico que durante un tiempo, apoyado en movimientos vecinales, tuvo en jaque a las autoridades municipales en asuntos del suelo y el urbanismo. Es complicado dar nombres por el olvido de otros, pero citaría al recordado pintor Aurelio Bonilla, Celestino Gómez, Julio Berodia, José García, Julián Carnicero, Antonio Vara, Esperanza Ahumada, Manuel Escudero…  

Desde los finales de los años setenta las juntas directivas de la asociación vecinal centraron sus esfuerzos, esencialmente, en la terminación de las obras de urbanización, la desaparición del colector de aguas, señalización de las vías públicas, obtención del alumbrado público, así como otros temas de menor relevancia, unidos al comienzo de actividades culturales y populares, tiempo en el que existió una continuidad permanente entre la decepción y la ilusión por alcanzar otros logros. Entre los avances de los años ochenta hay que destacar uno muy significativo, como el del parque de La Barquera, que comenzó a dar otro aire a la zona, mejorando sustancialmente su imagen, como también lograran que los barracones que existían como escuela con el pomposo nombre de Amós de Escalante se transformaran finalmente en un centro moderno y acogedor. 

La lucha más tensa e intensa protagonizada por los vecinos del Barrio Covadonga fue librada a partir de que la asociación tuviera noticias de que las autoridades planteaban construir una carretera por el centro del barrio, lo que se conoce por Boulevard Ronda. Tras expresar un rotundo no a su construcción, a partir de ese momento –año 1995 – se inició una de las luchas más intensas del barrio y sus vecinos, arrancando de la Administración autonómica el soterramiento de la ronda, ganándose para el barrio una gran avenida de paseo que ha mejorado de forma decisiva su imagen y calidad de vida, apuesta que tuve la oportunidad de defender en el Parlamento con mi voto favorable al presupuesto que permitió, finalmente, su ejecución. 

La Asociación de Vecinos Besaya que cumple un cuarto de siglo presenta, por tanto, balances muy satisfactorios y no solo en su ámbito de barrio ya que la fuerza de sus directivos y reivindicaciones contagió a otros barrios en el fomento de sus propias organizaciones vecinales y en la lucha por unas conquistas indiscutibles por tratarse de la propia dignidad de vida de sus vecinos. Hay que tener en cuenta que derechos hoy reconocidos, entonces estaban en absoluta precariedad y nos referimos, en concreto, a los de expresión, reunión, asociación o petición y, no digamos, de acceso a cargos municipales a través de elecciones ciudadanas; igualmente el siempre presente temor a los “grises” se sustituyó a través del cambio político con el ejercicio pleno de derechos y libertades, como hicieron cuando así lo consideraron siendo reiteradas sus presencias en “cuatro caminos” parando el tráfico y llamando la atención de las autoridades a cuyas concentraciones llamaba en su seiscientos el presidente de la asociación, José Montes.  

Una asociación y sus dirigentes que sufrieron –y conviene recordarlo- las incomprensiones de las autoridades locales, en tiempos, además, en los que se hizo reiterada mofa en cada ocasión que visitaban el Ayuntamiento, cuando se anunciaba la presencia en los pasillos de la viuda (Josefina Saiz); el manco (José García); Juan, el del collarín y el cura (Juan González)., que con reiterada insistencia acudían al Ayuntamiento a reclamar los derechos de un barrio que durante años fue parte de la imagen fea e injusta socialmente de Torrelavega. Personas que con otros dirigentes y con todos los protagonistas del barrio, fueron capaces de transformar y mejorar el hábitat del barrio para disfrute de las familias que encontraron en él una vivienda.  

En mayo de 1997 los vecinos del Barrio Covadonga celebraron el veinte aniversario de su legalización como asociación vecinal que con insistencia y no menos tesón y riesgo revitalizaron el movimiento ciudadano en unos tiempos que coincidieron con las reivindicaciones democráticas. Lo logrado por la asociación vecinal en ese balance deu n cuarto de siglo ha sido importante y algunos de los logros parecen más un sueño que una realidad. Así, hoy puede afirmarse cuando celebran el XXV aniversario que el Barrio Covadonga presenta una nueva imagen gracias al soterramiento de la ronda que de no haberse logrado habría dividido en dos al barrio, así como a los numerosos servicios sociales, culturales y educativos alcanzados que demuestran que la lucha de sus vecinos –que sigue hoy ante la sordera, chulería e incapacidad del actual equipo de gobierno en su política de barrios- y en la que, también, la asociación vecinal Besaya marca la iniciativa. Enhorabuena a todos.  

ALERTA 5-05-2002