Democracia y soberanía por los suelos
Gobernantes sin vergüenza ignoran estos principios cuando desprecian la opinión mundial, que por encima de credos e ideologías queremos la paz.      Camino ya de la guerra inminente después de que el señor Bush -finalmente sin careta- haya declarado que para abrir la guerra contra Irak no le importa la opinión del Consejo de Seguridad de la ONU, queremos expresar de nuevo nuestra repulsa por el desarrollo de los acontecimientos que se disparan hacia el inicio del conflicto, desde el más absoluto desprecio americano y de sus aliados a un valor tan supremo como es el de los Derechos Humanos, pisoteando, además, otro principio superior que afirma que el objetivo ultimo de la democracia es la convivencia y la paz entre los ciudadanos y los pueblos. Estamos, sin duda, en vísperas de días aciagos para los valores que dan soporte a la dignidad humana.

Durante los trece días más difíciles de los años sesenta –octubre de 1962- en los que pudo abrirse un conflicto atómico Estados Unidos-Union Soviética por los misiles desplegados en Cuba, los archivos de la Casa Blanca reflejan que cuando más presionado estaba el entonces presidente John F. Kennedy por el alto mando militar –los halcones del Pentagono- para invadir la isla, mas insistía ante sus colaboradores que desde la fuerza de sus principios la guerra era inmoral. En otro momento también afirmo: a la guerra nos empuja el Congreso, pero tenemos el apoyo de la opinión pública que no la quiere. Y no hubo guerra, gracias también al premier soviético Nikita Kruchev.

Aquí nos encontramos que el pueblo, la ciudadanía del mundo, no quiere la guerra y, sin embargo, gobernantes como Bush, apoyado por Aznar-Blair-Berlusconi, se colocan de espaldas a la opinión pública mundial, cuando la voluntad del pueblo tiene que ser la base de la autoridad del poder político. La Carta de las Naciones Unidas consagra los principios de igualdad soberana de los estados y del arreglo pacifico de los conflictos internacionales; en ningún caso, el orden internacional permite la imposición de los países más poderosos con el único argumento de su fuerza y poderío militar.

La única dialéctica de los Estados Unidos -con los apoyos enfervorizados de los gobiernos de España y el Reino Unido- es la guerra, no la de la paz. La guerra se decidió en el momento que Bush llego a la Casa Blanca y se puso manos a la obra para cumplir su pacto con los grandes intereses económicos. Asistimos, de esta manera, a la imposición de un nuevo orden internacional a través de la fuerza militar, pero también al rechazo más imponente de ese intento de dominarnos que nos une a millones de ciudadanos por encima de credos e ideologías.

Vergüenza humana debiera darle al señor Aznar su apoyo cerrado a un presidente americano belicista no deseado por su pueblo, ya que perdió las elecciones en el voto ciudadano al aventajarle el demócrata Gore en nada menos que medio millón de votos. Vergüenza humana de apoyar a una nación que en el ultimo cuarto de siglo ha agredido a pueblos indefensos; vergüenza humana al constatar como conflictos, en muchos casos fáciles de evitar, han sido ignorados por Estados Unidos y otras naciones, provocando el exterminio de millones de personas, porque allí no existían intereses económicos que defender. Vergüenza por ese apoyo a Bush que permite el genocidio del pueblo palestino sin mediaciones eficaces.

En estas horas criticas nos preguntamos para que sirve nuestra democracia si en una decisión tan trascendental como la entrada en una guerra, la opinión de los ciudadanos no importa a los gobernantes que, sin embargo, tienen la caradura impresionante de intentar aleccionarnos con frases artificiales que incluyen términos como paz, democracia, libertad o estado de derecho.

Desde la condena más firme del régimen autocrático de Sadan Hussein y nuestro desprecio hacia su forma de gobernar, la paz siempre es posible si de verdad hay voluntad. Pero en estas horas solo suenan los tambores de guerra, que presagian la muerte indiscriminada de ciudadanos inocentes.



ALERTA 08/03/2003

© José Ramón SAIZ - www.joseramonsaiz.com