¡NO! en mi nombre, señor Aznar |
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Nos llama en su campaña con Bush a una "guerra justa" cuando todo conflicto es una atrocidad y, en este caso, un juego de
intereses económicos a favor del imperio.
El mundo nada puede esperar de los gobiernos que hacen el juego a Estados Unidos; solo confiar en la ciudadanía europea que mayoritariamente rechaza la guerra. |
Comenzado
el año se mantienen los tambores de guerra propiciados
por el inquilino de la Casa Blanca, cuyo concepto del mundo y del protagonismo
americano nos debe horrorizar a todos los defensores
de la paz en el mundo. Hace pocas fechas el presidente del Gobierno de
España ha rendido visita a George Bush y ha venido complacido
y entregado a las tareas belicosas a las que juega un
presidente americano que aspirante a cualquier tipo de guerra -sobre todo
con Irak con tal de vengar el nombre de su papá- está abandonado otras
tareas, como las económicas, con un crecimiento del paro en dos millones
de personas y una gran deuda que ha consumido todo el superávit que heredó
del demócrata Clinton. Aunque no seamos nadie, desde nuestra dignidad
personal y nuestro compromiso con los valores de la vida
y la paz, decimos ¡NO! a las pretensiones del señor Bush,
quién apoyado por vasallos más que por aliados, quiere llevar la guerra
y la destrucción a Irak -cuyo pueblo herido por un bloqueo injusto
no es culpable de nada- y, consiguientemente, a cualquier otro territorio
del mundo. En estas vísperas de una posible decisión armada hay que sumarse a las campañas internacionales en contra de la guerra, muchas de ellas desarrolladas en Estados Unidos pero que no se quiere que tengan eco aquí en Europa. Es el caso de los intelectuales americanos que con el lema "Not In Our Name" ("No es nuestro nombre") que ha servido para denunciar el diseño por la Casa Blanca "de un mensaje simplificado de lo que es el bien y el mal, difundido por los medios intimidados", proyectándose la idea de que cualquier otra opción que no pase por el combate "limita con la traición". Estas ideas las difunden quienes se cruzan de brazos, sin embargo, ante hechos como los de Palestina donde los tanques y bulldozers de los israelíes dejan constantemente una huella de desvastación y muerte, fomentando acciones estériles e inútiles por parte de quienes sacrifican sus vidas para vengar a su pueblo. Muchos tenemos la sospecha de que la cruzada contra Irak incluye muchas mentiras y tergiversaciones interesadas, como en su día ocurrió con otro republicano en la Casa Blanca, el señor Nixon, con la guerra de Vietnam. Entonces un alto cargo del Pentágono, Daniel Ellsberg, dejó trascender cientos de documentos incriminatorios en los que constaba como el gobierno de los Estados Unidos había mentido y engañado a los medios en relación con su política exterior en Vietnam. Demostró con aquellos papeles que varios presidentes habían alentado una guerra con dudosos fines para evitar la vergüenza de una derrota y obtener un beneficio político. El mismo Ellsberg ha dicho recientemente en una conferencia para promocionar su libro "Secretos: Memorias de Vietnam y los Documentos del Pentágono" que "nos mintieron para entrar en la guerra de Vietnam, y ahora también nos están mintiendo para entrar en una nueva guerra", para concluir afirmando que "la declaración que hiciera Bush de que Saddan Hussein es el enemigo número uno de Estados Unidos es absurdamente falsa", apuntando a que las verdaderas amenazas nucleares se encuentran en Pakistan y en las "no declaradas" que hay desperdigadas por la antigua Unión Soviética. Lo que está en juego en este intento de guerra de Bush contra Irak es nada menos que rechazar o reducir al mínimo el papel de la comunidad internacional y dar la espalda a las leyes internacionales; es decir, va más allá del derrocamiento del régimen iraquí ya que justificándolo en la lucha contra el terrorismo, se quiere establecer una nueva doctrina de unilateralidad la cual se capitaliza en lo económico y en lo militar y que pretende afianzar para siempre a los Estados Unidos como única superpotencia capaz de imponer sus deseos al resto del mundo, incluso mediante las acciones militares preventivas. No es posible entender que por el afán de destruir a un dictador se pueda cometer el grave error de masacrar a cientos de miles de iraquíes, que ya bastante están sufriendo con un régimen atroz y unas condiciones de vida impuestas por el bloqueo que son terriblemente injustas y que, además, tienen gravísimas consecuencias para los más desprotegidos: los niños y las personas mayores. Dictadores hay muchos en el mundo y todos son malos, lo que hace más difícil entender que Estados Unidos no quiera saber nada de aquellas dictaduras en las que, probablemente, no vea amenazados sus intereses económicos. La Carta de Naciones Unidas, además, prohíbe expresamente desestabilizar regímenes políticos, aunque para el imperio esto no supone nada, pues ya lo hizo en Chile, Panamá y una larga lista de países del mundo. Afortunadamente el trabajo de los inspectores de la ONU en Bagdad no está siendo obstaculizado y esto, sin duda, es un contratiempo para Bush. El mundo quiere saber si el régimen iraquí guarda armas destructivas y peligrosas para la paz mundial y, por tanto, las inspecciones deben proseguir con insistencia y sin ningún obstáculo. Hasta hace unas semanas, todo estaba a favor del presidente americano por cuanto Irak no autorizaba la entrada, sin condiciones, de los inspectores de Naciones Unidas; sin embargo, garantizada su vuelta, realizados los trabajos, hasta el momento, sin problemas ni limitaciones, se nos brinda a todos la posibilidad de conocer la verdad después de años de especulaciones sobre la amenaza potencial que suponen las supuestas armas de que dispone Irak, además de representar la oportunidad de resolver esta crisis internacional de forma pacífica, que es lo que no desean los "halcones" americanos. Bush solo espera un error de los iraquíes en relación a los inspectores para desencadenar el conflicto y esto parece improbable. Concluyendo, la vinculación de Irak con el terrorismo es un pretexto pues lo que realmente está en juego es el control del mercado del petróleo. Al señor Aznar -que con Berlusconi y Tony Bair forman parte del grupo de gobernantes más directamente sometidos a los intereses de Bush- hay que recordarle que cuando el gobierno tome acciones en nombre del pueblo -y el señor Aznar ha dado opiniones muy comprometidas en nombre de España- la voluntad del pueblo no puede ignorarse y debemos luchar para que no sea ignorada. |
ALERTA - 4 de Enero de 2003 © José Ramón SAIZ www.joseramonsaiz.com |
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