Un gesto de solidaridad con los cántabros en Argentina

El Gobierno de Cantabria debe aprobar una paga extraordinaria con cargo a nuestros impuestos y remitir medicinas al Centro Montañés en Buenos Aires. 

 

He pensado estos días en la situación argentina y en la angustia de la colonia montañesa y cántabra aglutinada en torno al Centro Montañés en Buenos Aires, que actualmente preside el lebaniego de Potes don Ricardo Heras. La falta de dinero por las restricciones decretadas por el Gobierno que impide la adquisición de alimentos, que están sufriendo, además, una espiral alcista en los precios  que es inasumible para la inmensa mayoría de argentinos, unido a la falta de algunas medicinas imprescindibles, nos obliga, por algo más que solidaridad, a mirar hacia aquella tierra próspera que en los inicios del siglo XX era la novena nación del mundo más desarrollada y que cien años después está en una bancarrota que puede terminar en tragedia. 

El pasado jueves en el programa El Avispero de la Cadena Cope en Cantabria, dirigido por el periodista Javier Rodríguez, hablamos en directo con el presidente del Centro Montañés en Buenos Aires, don Ricardo Heras. Fue una conversación emotiva por el significado de hablar con un paisano que emigró a los catorce años desde Potes a tierras argentinas, donde ya lleva cincuenta años de trabajo y de enfrentamiento a situaciones muy adversas. Nos narró las dificultades que están atravesando, la existencia de mil setecientos montañeses/cántabros, muchos de ellos, por su avanzada edad, en estado de gran necesidad por falta de dinero y de medicinas. Todos los presentes en la tertulia, intuimos que aparte las llamadas de inquietud de los familiares, la de la Cope era la primera que recibía  el presidente de los cántabros en la capital bonaerense. 

Mis compañeros plantearon preguntas de interés; por mi parte, aproveché  aquél momento trascendente y emocionante para indicarle al presidente de los cántabros en Buenos Aires que, en las circunstancias tan críticas por las que atraviesan, no debería faltarles la solidaridad de los cántabros de aquí y, recordando que el Gobierno de Asturias ha aprobado una partida de cincuenta millones de pesetas para conceder una paga extraordinaria a los asturianos en Argentina, señalé a Ricardo Heras que aquí comenzaríamos a plantear una medida equivalente, que el propio Centro Montañés debería demandar igualmente. El Estatuto de Autonomía reconoce a los Centros Montañeses o Cántabros en el exterior no sólo para manifestar el orgullo y el floklore de la tierra, sino para contar con comunidades organizadas ante las que actuar en caso de adversidades, como la presente. 

 

Nuestros emigrantes en Argentina están solos y en el desamparo. Es necesario que el Gobierno de Cantabria asuma plenamente su responsabilidad ante estas comunidades y plantee cuanto antes una medida extraordinaria que todos la aplaudiremos. Estamos solicitando a cargo de nuestros impuestos una paga extraordinaria para nuestros emigrantes en Argentina y, el envío urgente de medicinas al Centro Montañés en Buenos Aires. En dinero representa poco; en gesto es un abrazo emocionado a nuestros emigrantes que tanto han hecho por el bienestar de los de aquí, en la construcción de escuelas, hospitales, en el envío de dinero cuando allí se estaba bien y aquí las penurias de la posguerra eran inmensas. 

Tenemos que concienciarnos en esa realidad que dice que los emigrantes no solo salieron de Cantabria para labrarse un futuro más digno, sino también para mejorar la situación de sus familias que se quedaban aquí, traer de vez en cuando sus ahorros y, por último, los que más triunfaron entregaron a la comunidad cántabra aquello de lo que carecía nuestra sociedad cuando marcharon en busca de nuevos horizontes, como escuelas y hospitales. 

Necesitamos que el Gobierno de Cantabria, en nombre del pueblo cántabro, tome decisiones y proceda a crear una partida económica de solidaridad con los montañeses y cántabros en Argentina. Toda nuestra pluralidad como pueblo -lebaniegos, trasmeranos, campurrianos, pasiegos, pejinos…, es decir, de todas las partes de Cantabria-,  están sufriendo enormes adversidades en Argentina, país en el que centraron sus esperanzas en la primera mitad del siglo XX y que en sus últimos años de su vida están sufriendo adversidades y, por supuesto, añorando desde una profunda nostalgia volver a la tierra natal. 

Nuestros impuestos, en ocasiones, tienen que servir para afrontar causas de solidaridad más allá de nuestras fronteras. En este caso se trata de nuestros emigrantes en Argentina, que bien se merecen recibir solo un poco de lo mucho que han dado a su tierra. Que se actúe, por favor.

ALERTA 28/1/2002