Una Escuela Universitaria perdida |
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| No solo se atentó contra un patrimonio educativo de más de tres décadas, sino que la alcaldía y la Universidad siguen un litigio desmesurado contra algunos de los ex -empleados, a pesar de recibir constantes varapalos judiciales. | Hace
algo más de un año, el equipo de gobierno municipal del PP-PRC en connivencia
con la Consejería de Educación y la Universidad de Cantabria, procedió
a liquidar una de las dos Escuelas Universitarias con
que contaba Torrelavega, en concreto, la Escuela de Graduados Sociales,
que en sus inicios -transcurría el año 1968- fue un Seminario de Estudios
Sociales que llevó el nombre de don Hermilio Alcalde
del Río -director de la escuela Artes Oficios, escritor, arqueólogo, alcalde
de la ciudad entre 1920 y 1923-, para alcanzar el rango de centro universitario
a todos los efectos en 1989, después de una demostrada profesionalidad
docente que tiene muchos nombres propios. Dentro de las decisiones que se tomaron en el Patronato de la desaparecida Escuela Universitaria de Graduados Sociales, destaca el impulsado por su presidente y mayoría de vocales que consistió en el despido de sus once empleados. El alcalde de la ciudad que históricamente viene ostentando la presidencia de dicho Patronato fue el encargado de presentar y defender una medida claramente arbitraria a la que nos opusimos, argumentando que si la Universidad había pasado a su patrimonio los historiales académicos, la biblioteca, los ordenadores y todo el material didáctico, estábamos claramente ante una sucesión de empresa y, por tanto, los empleados tenían que ser absorbidos por la Universidad de Cantabria. Recuerdo que ante este insistente argumento se hicieron oídos sordos, prevaleciendo frente a mi voto los de la representación del equipo de gobierno municipal, la Universidad y la Consejería de Educación. El "pacto" político para eliminar de plano una de las dos Escuelas Universitarias con que contaba Torrelavega funcionó; lo más lamentable, sin duda, fue que se hizo con el apoyo de quienes nos gobiernan, borrando de un plumazo la historia de unos estudios que llevaban impartiéndose más de tres décadas. Tengo que confesar que aquél día sentí vergüenza y una gran pena por Torrelavega. Asistir a un acto en el que un alcalde se posicionaba a favor de que la ciudad que preside perdiera un patrimonio educativo simbolizado por su Escuela de Graduados Sociales -sin importarle un bledo lo que estaba en juego-, desde luego no entraba dentro de mi perspectiva y de lo que entiendo como actuaciones sensatas de quién necesariamente tiene que comportarse como un representante del interés general. Me pregunto que fue de aquellos planes a favor de un "campus" universitario en Torrelavega y, sobre todo, cómo es posible permitir con frivolidad y alevosía que la ciudad perdiera un patrimonio educativo forjado en un contexto de dificultades y sacrificios durante treinta y tres años y que, en no pocas ocaciones, se intentó acabar con el centro desde decisiones santanderinas ya que, recordemos, la Escuela de Graduados Sociales de Torrelavega fue capaz de absorver, finalmente, los estudios que sobre la misma matería se impartían en Santander. Con el Seminario de Estudios Sociales Hermilio Alcalde del Río como en la Escuela de Graduados Sociales se volcaron muchos profesionales de la ciudad, empresas, colectivos y todas las Corporaciones, las del régimen anterior y las de la democracia. Alcaldes como don Jesús Collado Soto, don Carlos Monje, don Julio Ruiz de Salazar, don Juan Ramón Tirado y, finalmente, Teira, Rotella, Gutierrez Portilla y la anterior alcaldesa, alentaron estos estudios como prestigio y patrimonio educativo de Torrelavega. Sin embargo, un alcalde que representa a un partido que utiliza en término regionalista acabó con esta Escuela Universitaria, a cuyo prestigio y viabilidad tantas energías y sacrificios se entregaron durante más de tres décadas. ¡Que pena por Torrelavega, que vergüenza para nuestros gobernantes y, especialmente, los concejales del PP y del PRC que lo permitieron desde la docilidad!. Pero todo no acabó aquí. Algunos empleados llevaron sus despidos a los tribunales de lo social. Como miembro del Patronato acudí citado como testigo para declarar en conciencia lo que realmente pasó y se abusó en aquellos despidos injustificados. También allí estuvo el señor alcalde para declarar en contra de los empleados a quienes se despojó de su empleo, torrelaveguenses ellos. Las sentencias, una a una, todas, han declarado improcedentes aquellas drásticas decisiones, precisamente porque existía una "sucesión de empresa". En algunos casos, la actitud del señor alcalde ha sido la de, al menos, dejar que desde la Universidad de Cantabria -con el dinero de todos los cántabros- se cebaran en contra de algunos, intentando argumentar que habían sido desleales o que habían abusado de sus responsabilidades. Los tribunales han dictado la última sentencia, ratificando otras anteriores de juzgados ordinarios de lo social, condenando con dureza a los demandantes -Patronato y Universidad de Cantabria- al pago de todas las costas judiciales. Probablemente, seguirán recurriendo a otras instancias ya que su finalidad es, sencillamente, vengarse de estos empleados y retrasar que puedan cobrar los derechos que les correspondan. Lo hacen, sin duda, no por amor al derecho y a la justicia, que al fin y al cabo ya ha dicho su palabra en dos instancias. Se permiten estos lujos porque juegan con su dinero y el mío de los impuestos, en lo que significa un despilfarro y un abuso público. En fin, hemos perdido una Escuela Universitaria y es posible que este triste hecho haya pasado desapercibido para muchos torrelaveguenses. Pero cuando se está a punto de cerrar esta lamentable historia con el pronunciamiento de los tribunales, ético es que quienes sabemos de este triste acontecer, lo relatemos para que los culpables por acción o por omisión sientan si no sonrojo, sí , al menos, asuman esta crítica para conocimiento general de los ciudadanos. ALERTA - 26 de Noviembre de 2002 © José Ramón SAIZ www.joseramonsaiz.com |
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