Torrelavega: Pruebas del mal gobierno local
El problema de los cortes de aguas refleja la improvisación, que al faltar en otras áreas hace que perdamos todo un parque tecnológico que precisaba Torrelavega para revivir el pasado industrial.      Torrelavega vivió hace unos días unas jornadas de desconcierto y de cierto caos por culpa de la rotura de la tubería central del abastecimiento de aguas que dejó a los hogares torrelaveguenses sin el suministro. Creo que las lecturas del acontecimiento ya son conocidas y todas nos hablan de improvisación y de falta de pasión cívica por las responsabilidades que desempeñan los regidores municipales. En consecuencia, improvisación y falta de empeño en unas circunstancias difíciles, que no deben atribuirse exclusivamente a este hecho sino a otros muchos que representan la zozobra de la política municipal y el que Torrelavega no tenga, a estas alturas, un proyecto de modelo de ciudad a desarrollar en esta primera cuarta parte del siglo XXI.

La improvisación se pone de manifiesto cuando no hay planes para dar salida a circunstancias no previstas, como la del largo corte de agua del fin de semana. En esta crisis que tanto ha irritado a la ciudadanía, no se ofreció información al ciudadano y tampoco se pudo sacar el mayor rendimiento de los servicios municipales porque muchos están en situación crítica -leáse, por ejemplo, policía municipal y bomberos-, cuando lo que se gasta en boato, amueblar ostentosamente despachos oficiales y, finalmente, conteniendo un poco los gastos exorbitados de las fiestas, las carencias de estos servicios quedarían solucionadas en una sola anualidad. Pero, en fin, se aprecia más lo efímero, que lo que pueda perdurar y que supone, además, dar servicio puntual al ciudadano.

La improvisación se deja ver en otros aspectos de la vida local; así, por ejemplo, por ser de actualidad, no se hace nada desde el Ayuntamiento para exigir que la Consejería de Educación planifique mejor sus obras en institutos y colegios, comenzando el curso con anormalidad y alumnos que no saben, todavía, donde seguirán el curso o, existe, también improvisación aceptando un proyecto de teatro anunciado desde hace años y cuya primera piedra se dejará para las vísperas electorales, que va a tener ¡seiscientas butacas¡, cuando el viejo Teatro Principal -recuerdo de tantas andanzas de muchas generaciones- construido en 1905 por tres empresarios locales muy dinámicos, fue capaz de albergar quinientas butacas, incluyendo aquellos artísticos palcos, para una población, entonces, de menos de cinco mil habitantes en Torrelavega-ciudad.

La improvisación es también grave cuando sabiendo el señor alcalde que el Gobierno de Cantabria tenía pensado un parque tecnológico para la promoción de empresas industriales, no cogió desde Torrelavega esa bandera ofreciendo terrenos, apelándose al pasado industrial de la ciudad y a la necesidad de "descentralizar" las inversiones autonómicas, con este necesario -y fracasado- pellizco para Torrelavega. ¿De qué le sirve a Torrelavega que el alcalde esté en una docena de puestos y representaciones, ajenas a su propia responsabilidad de primer edil, si se pierden estas oportunidades casi históricas?.

La improvisación manda en las acciones de los gobernantes oficiales hasta el punto -que raya en el esperpento- que llevemos tres años con una hemeroteca local cerrada a cal y canto. Pues bien, cuando las obras de la nueva sede se terminan, resulta que faltan empleados. En fín, otro año cerrada la hemeroteca para cumplimentar estos trámites, cuando con un pelín de ganas este problema estaría zanjado.

Se habían generado muchas expectativas para esta nueva etapa después de agotamiento de una etapa socialista en la que algo se hizo pero en la que también la mediocridad y la capacidad de gestión se dejó sentir. Esas expectativas se han marchitado demasiado pronto, aunque de aquí a las elecciones aparecerán, seguro, algunos conejos en ciertas chisteras, tanto de uno como del otro partido gobernantes, para engañar de nuevo. La improvisación, concluyendo, es siempre el ejemplo más patente del mal gobierno.



ALERTA 26/09/2002

© José Ramón SAIZ