Coralista y torrelaveguense de pro.

Ricardo Montero ha dicho adiós a la Presidencia de la Coral, rodeado del afecto y el reconocimiento de una agrupación que ha cumplido 75 años impulsando por España una de las banderas más prestigiosas de Torrelavega. 

Ricardo Montero Santibañez abandonó el lunes la Presidencia de la Coral de Torrelavega y lo hizo cumpliendo un principio básico en todo relevo serio y constructivo: la defensa de la estabilidad de una agrupación histórica que su próximo aniversario significativo será el del centenario. La identidad y entrega de Cardín Montero con la Coral es incuestionable en estos dos datos relevantes: pertenece como socio desde 1942 y en dos ocasiones ha ostentado la presidencia, siempre para superar circustancias adversas, ya que este tipo de agrupaciones en las que siempre faltan medios y, sin embargo, sobran ilusiones, se producen etapas de luces y sombras. 

Para presidir la Coral se precisa una cierta relevancia social y una capacidad para gestionar su continuidad y engrandecimiento, pero sobre todo, en el alma tiene que sentirse dos valores esenciales: los de  coralista y  torrelaveguense de pro. Ambas circustancias las atesora Ricardo Montero y las ha ejercido en estos años de entrega y constancia al frente de la laureada agrupación. Le hemos visto vivir la Coral, emocionarse, sentir sus éxitos, estar con los coralistas, identificarse con toda la magnífica labor de Manuel Egusquiza; en definitiva, Ricardo Montero ha sabido interpretar desde el amor y la identidad con la Coral una responsabilidad que acaba de abandonar voluntariamente.  

Al engrandecimiento de la Coral y, en consecuencia, del canto coralista que es una de las señas inextinguibles de Torrelavega, ha dirigido Ricardo Montero todos sus trabajos directivos en estos años, consciente de que en cada presencia y actuación de la Coral estaba presente el prestigio de Torrelavega. No faltaron estas palabras de amor a la ciudad en su emotivo discurso de despedida, que fue intensamente aplaudido y que desde su emoción, Cardín ofreció su corazón a todos los presentes. 

Montero dirigió también varios mensajes de afecto y de consejo a su sucesor al frente de la Coral. El primero, fue que se encontraría como en su casa, porque el coralista es una persona educada, responsable e identificada plenamente con su sacrificada labor; el segundo, que la Coral es una gran familia que está por encima de las disputas y controversias, que su objetivo es el de prestigiar a la ciudad y expresar el orgullo torrelaveguense, sobre todo cuando se canta fuera de Torrelavega, momento en el que las voces coralistas siempre emocionan y, por último, que la Coral es, resumiendo, una escuela de ciudadanía. Ya lo demostró el gran Lucio Lazaro cuando meses después de la guerra civil fue capaz de aglutinar en la Coral a quienes poco tiempo antes habían sido rivales encarnizados en el campo ideológico y en las trincheras.  

 

Montero ha trasmitido al equipo presidido por Nilo Merino una Coral viva y pujante, que ha remontado momentos difíciles gracias a su director, Manuel Egusquiza, que la ha dado carácter, fuerza y un renovado prestigio. Pero gracias, sobre todo, a los coralistas que siguen fieles a una tradición de canto en Torrelavega, que aportan su sacrificio personal y que son los primeros en dar pruebas de un gran compromiso e identidad con la ciudad, a la que aportan un trabajo no renumerado con una vocación de ilusión que es digna de los mayores elogios. 

Para instituciones como la Coral es importante que un cambio de equipo directivo esté presidido por la cordialidad y la cooperación  entre los que finalizan sus trabajos y los que comienzan con nuevas iniciativas y proyectos, todo ello pensando en la necesaria estabilidad y a seguir recorriendo un camino que para Torrelavega es fructífero y motivo de orgullo, tan extraordinariamente generado por sus corales y coralistas. La Coral, por su antigüedad, representa la tradición en Torrelavega y por historia hay que ser leales a lo bueno que crearon allá por 1925 unos buenos torrelaveguenses, cuyo legado en los últimos setenta y siete años se ha engrandecido. Todo ese amor, sentimiento y honor a un pasado coralista impresionante, quedó ratificado en una asamblea en la que Ricardo Montero ha dejado en buenas manos una nueva etapa de la laureada agrupación cántabra.

ALERTA 21/5/2002