Solidaridad cántabra con Aguilar de Campóo.

Por razones de justicia social pero también por evocación de afinidades históricas en torno al territorio de la antigua Cantabria, expresamos nuestro apoyo a los trabajadores de la empresa Fontaneda. 

Es el ejemplo de una globalización pura y dura, como las consecuencias de la apertura en los ochenta a un capital extranjero sin reparar en las consecuencias, cuando las multinacionales no tienen alma.

 

 

 Una noticia que ha causado un gran impacto en Cantabria, probablemente por la afinidad e identidad que históricamente ha existido con Aguilar de Campoo, se refiere al anuncio de cierre de las instalaciones de la empresa Fontaneda. Las galletas maría fueron parte importante de nuestra niñez, lo que significa que la misma evocación de su nombre genera en nosotros positivas vibraciones; me imagino que las mismas que la buena leche evocará a los ciudadanos de Aguilar la riqueza de los prados verdes de Cantabria. 

La razones por las que expresamos nuestra solidaridad con Aguilar de Campoo son múltiples, pero especialmente aquellas que nos dicen que sus ciudadanos son como primos hermanos nuestros, recordando que sus antepasados pertenecieron al territorio de la Cantabria romana –que llegaba hasta Pisoraca, la hoy Herrera de Pisuerga-; además, el pueblo palentino mantiene una identidad de nombre con nuestras tierras de Campoo. Reinosa y Aguilar siempre han tenido muchas afinidades y relaciones; ha existido y existe buena vecindad y, por tanto, este hecho dramático del cierre de Fontaneda ha caído como un jarro de agua fría entre los campurrianos y cántabros en general, al poner de manifiesto en síntesis, que tenemos algo mucho en común que, ahora mismo, en lo que representa al empleo entristece nuestro presente con la caída de nuestra industria. 

Buscando reacciones en Castilla y León, he observado que la crisis galletera en Aguilar de Campoo ha significado un aldabonazo a la conciencia regional de la comunidad vecina. Se han movilizado muchas energías sociales y cívicas en sus provincias y se ha decantado una fuerte identificación con los trabajadores de la Fontaneda, por lo que significa en cuanto a empresa histórica de la Comunidad. Su caída como empresa tiene mucho significado ya que se trata de una empresa familiar que entregada –desconozco en qué condiciones- a multinacionales sin alma y sensibilidad, finalmente percibimos que estas sociedades anteponen cualquier interés económico de grupo a los generales. Como he leído en un periódico castellano, estamos ante los resultados de la globalización con las fábricas de quita y pon y la voladura de todos los tópicos de la geografía del bachillerato desarrollista que estudiamos de jóvenes, el crepúsculo de las grandes certezas, como el que el aceite viene de Jaén, las lanas de Tarrasa, la leche de Cantabria y las marías de Aguilar de Campoo

El cierre de Fontaneda tiene, además, otra lectura interna, como es el reflejo de la crisis del corredor industrial de Torrelavega-Los Corrales-Reinosa-Aguilar, coincidente, además, con el desarrollo de las obras de la autovía a la Meseta. Este es un dato a tener en cuenta, que venimos sosteniendo hace tiempo que la autovía va a significar un paso adelante para impulsar la circulación de personas pero más difícil será la instalación de nuevas empresas, cuando los grandes núcleos industriales están ya definidos y si no lo estuvieran, viene el País Vasco con la rebaja fiscal y logra lo que interesa a sus autoridades que se definen, precisamente, por la defensa a ultranza de sus intereses. 

La reacción social en Aguilar de Campoo ha sido importante, convencidos sus ciudadanos de que sin protesta no se va a ninguna parte o, mejor, se consigue perder lo poco que ya se tiene. Reinosa, en este sentido, presenta una situación compleja y grave aunque no existan, ahora mismo, salidas drásticas como la de Fontaneda. En Campoo el empleo industrial se va perdiendo lentamente, pero de forma irreversible. Hace algunas semanas ponía el ejemplo de bloques de viviendas donde no vive un solo trabajador en activo ya que están ocupadas por jubilados, prejubilados y parados. Ante estas situaciones, ya saben que la receta del actual Gobierno de Cantabria es desmentir lo que ocurre, nuevamente todo aquello que, sin medias tintas ni retóricas, percibe directamente cada familia y cada cántabro. 

Lo único positivo que existe en torno a los problemas surgidos en Aguilar de Campoo es, a mi juicio, que por la emotividad en torno a la galleta maría se ha despertado una conciencia regional adormecida o, como en Cantabria, anestesiada y sedada, aunque los efectos sean demoledores. Aquí, en nuestra comunidad, hemos escrito el RIP en muchas losas que ha enterrado empresas, algunas de gran dimensión histórica, como lo fuera curtidos Mendicouague, una sociedad que cerró definitivamente en la etapa del actual Gobierno después de más de siglo y medio de actividad y –conste- sólo es un ejemplo de los muchos que existen. Estamos, sin embargo, hablando en el siglo XXI de polígonos industriales cuando están inventados y desarrollados en toda España y, precisamente, cuando menor demanda de inversiones nuevas existe, ya que muchos terrenos serán cubiertos por empresas que trasladarán únicamente su sede en el mismo núcleo municipal. 

Tenemos, por ejemplo, aquí ante nuestras narices el ejemplo de la antigua Nueva Montaña, que actualmente tiene nombre de multinacional. Acaban de acordar la estrategia del parto sin dolor, es decir, ahora se concretará un menor ajuste de plantilla, pero ya llegarán otros, pues al fin y al cabo el pelotazo urbanístico ya se dio y las plusvalías han sido importantes. Sin embargo, los discursos oficiales grandilocuentes nos consideran tontos y borregos, amañando cifras y datos que se convierten en muecas que nos duelen como si se tratara de una paliza a latigazos. Es la culminación de un discurso oficial que nos dice que España va bien y Cantabria por encima de la media.

Queda constancia, pues, de nuestra solidaridad cántabra con Aguilar de Campoo, una localidad con la que tantas afinidades e identidades históricas poseemos, que desde luego no se han perdido y que se expresan en estas circunstancias tan duras. Tengo la seguridad de que el impacto en Castilla y León por la noticia del cierre de Fontaneda ha sido el mismo, aquí en Cantabria y, entre los cántabros. Vivimos, como están sufriendo ya los ciudadanos de Aguilar, las consecuencias de una pura y dura globalización que nos recuerda cómo en los ochenta se daba la bienvenida al capital extranjero sin reparar en las consecuencias y, sobre todo, en la realidad de que estas multinacionales no tienen alma ni dios, a pesar de lo felices que fuimos con aquellas galletas maría, que en mi caso era el obsequio humilde pero feliz de mi padre los días de fiesta. Reiteramos, hoy, la solidaridad cántabra con Aguilar de Campoo que es grande y profunda, porque realmente la sentimos.

 

Alerta 20.4.2002