Cajas de Ahorros: quien las defiende
Los poderosos intereses económicos hace tiempo que están detrás de este gran bocado, justificándolo en que la banca es el modelo idóneo y las cajas el modelo desnaturalizado.

Nuestra caja de ahorros necesita superar el deterioro sufrido por los pactos en su control político y ciertas conductas que al unir excesivos intereses generan legítimas sospechas
     Analizaba en un anterior artículo las incógnitas que se abren para las Cajas en un futuro inmediato con la aprobación, a falta de ratificación del Senado, de una serie de novedades para la vida de estas entidades financieras que pasan, en primer lugar, por la emisión de cuotas participativas y, simultáneamente, con la decisión de abrir las fronteras autonómicas a las fusiones o absorciones entre Cajas, con ventajas indudables para las grandes que prácticamente operan como los bancos y, en perjuicio para las pequeñas o medianas, con nuestra Cajas de Ahorros. Aludíamos a que ya cabalgaba el “caballo de Troya” para acabar en un horizonte de años con estas entidades de ahorro que tanto ha contribuido al progreso de la sociedad española desde que fueron fundadas, las primeras, hace trescientos años.

Muchos de los que nos hemos adentrado con afanes de servicio en este mundo de las cajas y que en el ejercicio de nuestras responsabilidades hemos tenido que asumir contratiempos, sinsabores y disgustos –precisamente por un ejercicio responsable de nuestras obligaciones- frente a conductas discutibles por quienes en la oscuridad –tanto que parece que no existen hacia el exterior, pero que tejen internamente los asuntos de su interés y provecho-, casi nos sonrojamos desde nuestra condición de demócratas al pensar que el momento de máximo peligro de las Cajas de Ahorros, después de tres siglos de existencia, es precisamente en estos tiempos en los que disfrutamos, por primera vez en muchos años, de un Estado de Derecho plenamente asentado.

Pero es así, guste o no reconocerlo, como sentenció un excelente amigo, experto en Cajas desde su cargo de subdirector de Obra Social en Caixa Catalunya, don Joaquín Llach Mascaró. Un debate, en el que coincidimos, que no hubiera tenido sentido en otros momentos y mucho menos cuando en 1977 liberalizó las Cajas el gran economista don Enrique Fuentes Quintana con quién estas entidades del ahorro familiar y popular tienen una deuda permanente o, en 1985 cuando las Cortes Generales aprobaron la Lorca ratificando su naturaleza jurídica. Tampoco sufrieron alteraciones las Cajas en sistemas tan antagónicos como la Monarquía y la República, ni durante el franquismo y el primorriverismo.

Insistimos, por tanto, en que por primera vez en trescientos años las cajas españolas están amenazadas seriamente de una privatización, en definitiva, de su desaparición a un vencimiento de solo unos años. No quererlo ver o mirar hacia otro lado, es una irresponsabilidad. Los poderosos intereses económicos hace tiempo que están detrás del gran bocado de las cajas y este intento, que avanza poco a poco pero de forma irreversible, se produce cuando muchas cajas están viviendo momentos de esplendor y de éxito, hasta el punto de que representan el 52 por ciento del sistema financiero español. Estos grupos de presión que quieren acabar con las cajas justifican sus propósitos señalando que una empresa no puede funcionar sin accionistas, ya que solo éstos pueden ejercer el control eficaz de su gestión y que, por tanto, las Cajas son unas empresas contra nátura. Así, para éstos enemigos de las cajas, la banca es el modelo idóneo y las históricas entidades del ahorro familiar el modelo desnaturalizado.

Si yo afirmara que la desaparición de Caja Cantabria representaría una tragedia pudiera sonar a cierto alarmismo. Sin embargo, este contundente juicio lo formuló públicamente don Joaquín Llach en unas jornadas –de las que fui codirector- sobre las Cajas ante el Tercer Milenio, justificándolo en algo tan elemental como que para los grandes bancos las prioridades no pasan por Cantabria sino por abrir nuevos mercados y, por supuesto, esas prioridades territoriales y cercanas sí son el motivo de existencia de una Caja. Su visión va más allá, afirmando que las familias y los territorios no serían los mismos si no hubieran contado con una entidad próxima a sus necesidades, de pequeños servicios personales y de su ámbito territorial.

Quienes han seguido de cerca el experimento italiano que en pocos años acabó con sus cajas de ahorros y que motivó que el primer ministro Amato pidiera perdón públicamente a la sociedad italiana, entienden que la vía de las cuotas participativas es el camino más peligroso -también el más sutil- porque no origina un rechazo total, para acabar en un plazo determinado con las cajas. Las cuotas representan, pues, la antesala de la futura privatización en un proceso que pasa, primero, por aceptarlas sin derechos políticos y, más tarde, por la presión lógica de quienes son sus propietarios, alcanzar unos derechos definitivos, camino de la definitiva privatización. Es lo que ocurrió en Italia, cuando algunos guiados por buenas intenciones de lograr unas cajas más fuertes y más globales, abrieron la puerta al “caballo de Troya” que no desperdició la oportunidad. Es lo que van a hacer el Partido Popular y el Partido Socialista, que en estos asuntos se ponen fácilmente de acuerdo, ante la inhibición de sus representantes en Cantabria que así demuestran –lo ya sabido- de que su verdadero interés sobre nuestra Caja no es el que se inspira en el papel que juegan estas entidades para el progreso de las familias, las pequeñas empresas y los autónomos. En consecuencia, ellos también forman parte –consciente o inconscientemente- de ese “caballo de Troya”.



Nota: El anterior artículo con el título “Cajas de Ahorros: cabalga el “caballo de Troya” fue publicado el pasado 3 de agosto.





Excesivo poder político, sospechas ciudadanas.

Probado queda que quienes se han puesto de acuerdo para repartirse las influencias en nuestra Caja – los dirigentes de los partidos PP, PSOE y PRC- nunca hasta ahora han expresado sus inquietudes sobre los temas aquí expuestos, asuntos que, en todo caso, a quienes más pueden inquietar es a los empleados, que con los pequeños ahorradores, modestos empresarios y autónomos son los que más tienen que perder. Frente a la tesis del alto cargo del Banco de España, don Eduardo Galilea, pidiendo que se impida una excesiva concentración de las decisiones y los poderes, en Caja Cantabria se avanza en sentido contrario, con un claro afianzamiento político y, en concreto, de don Carlos Saiz y doña Dolores Gorostiaga, lo contrario de un modelo perfecto e idóneo de otras cajas como encarnan, por ejemplo, Vilarasau en La Caixa o, Pizarro en IberCaja.

En nuestra Caja el poder político –66 por ciento de los consejeros generales, frente al 25 por ciento de los impositores- tiene todas las cartas a su favor frente a los criterios profesionales, que en determinados asuntos y pactos tejidos fuera de la entidad, pueden buscar o contar con directivos despersonalizados que se sometan al dictado político de aquellos de quienes dependen. Se trata de una tendencia al alza que tiene peligros evidentes y riesgos altísimos, cuando los controles se desnaturalizan conscientemente. En estas claves están siempre los que no sienten pasión por nada, ni siquiera para lucir el cargo, que es una obligación institucional. Hay personajes que se mueven mejor lejos de las imágenes, dedicados a temas muy concretos, decidiendo y presentando los asuntos cómo si vinieran revestidos o aconsejados por los directivos, cuando el circuito es al revés.

Precisamente por una presencia abusiva del poder político en las cajas, habrá que esmerarse en dotar a estas entidades de mayores controles y de salvaguarda de los criterios profesionales; por el contrario, no se fortalece a una entidad, sino todo lo contrario, cuando se castiga por motivos no justificados en teoría financiera a empresas determinadas; se favorece a otras que terminan en el escándalo y en la quiebra; se negocian en la sombra ventas de activos, se venden participaciones por intereses que no son los de la rentabilidad y menos por los motivos que las justificaron en su momento; en fin, se hace y deshace desde el poder político, que de ello se han encargado en la nueva ley de cajas el tripartito de los grandes intereses PP-PRC y PSOE, que al reforzar sus poderes unido a conductas que unen excesivos intereses, deterioran su imagen y buen nombre.






ALERTA 19/8/2002

© José Ramón SAIZ