El derecho a la vida del joven cántabro Nehemías

Aplaudimos el gesto de la selección española –en todo lo que representa en estos días- de arropar a este joven torrelaveguense que intenta salvar su vida en Seúl con el apoyo solidario de muchos cántabros. 

El Gobierno cántabro no ha puesto una sola peseta y al hospital coreano no ha llegado una simple muestra de solidaridad de las autoridades y del alcalde de Torrelavega. ¡Qué indiferencia tan insolidaria!

En los últimos meses en Cantabria se ha escuchado mucho sobre el joven Nehemías –un nombre especial que tiene antecedentes bíblicos que aparecen allá por el siglo V a. de J.C. y que protagoniza uno de los libros de la Biblia-, gracias sobre todo a la perseverancia de algunos cántabros de noble corazón y ejemplar solidaridad que decidieron ayudar a este chaval torrelaveguense su desesperada lucha y la de su familia- por salvar su vida. El empeño por recaudar al menos treinta millones de pesetas ha sido duro, obstinado, ilusionante y de gran activismo para los promotores, pues no en balde eran conscientes de que de su éxito o fracaso podía depender, en gran parte, la vida del joven. 

         El joven Nehemías forma parte de una familia humilde, con vinculaciones a la etnia gitana y domicilio en Torrelavega, que se ha hecho popular entre nosotros desde su propia adversidad, protagonismo que se ha extendido, en estos últimos días, por el resto  de España al recibir la solidaridad de la selección española, que en estos días es como recibir la de toda España por lo que representa y las ilusiones que genera, apenas setenta y dos horas de ser operado con éxito en un hospital de Seúl. La presencia del embajador de España ha representado, igualmente, un buen detalle, que nadie mejor que la familia valora al encontrarse en un país lejano, de costumbres y ambientes muy distintos a los nuestros. 

         Toda la operación de solidaridad como ésta –la de salvar una vida humana- precisa de una organización y el esfuerzo generoso y desinteresado de un grupo humano. Como siempre ocurre, hay puertas amigas que se abren, pero también otras se mantienen indiferentes. El grupo humano pro-Nehemías surgió de la sección sindical de UGT de la Caixa que durante meses ha organizado una gran operación de solidaridad que con una buena respuesta de los medios de comunicación ha sido capaz de alcanzar el primer objetivo, como era acelerar la operación del joven teniendo en cuenta que los expertos coinciden en esta clase de enfermedades que la muerte es prácticamente irreversible a una edad a la que se acercaba aceleradamente Nehemías. 

         La solidaridad ha sido cántabra pero no ha faltado la que ha llegado -importante también- desde otros puntos de España. A estos efectos, citaremos el ejemplo de una familia de Málaga que envío nada menos que dos millones de pesetas, sobrantes de la recaudación alcanzada con motivo de una operación –por la misma enfermedad- de un chico malagueño, en esta ocasión en un hospital americano. La operación resultó un éxito y este acontecimiento  animó mucho más a los pro-Nehemías cántabros a intensificar los esfuerzos y lograr el montante económico necesario para, al menos, garantizar la operación cuando el tiempo y los plazos apretaban. Sólo la operación realizada –garantía de vida para el joven- es ya un éxito de los fines de este gran ejercicio de solidaridad con una familia sin medios y con un hijo amenazado de muerte segura si no era operado con urgencia. 

         Pero si en la sociedad civil se encontraron respuestas positivas y de gran emotividad, en las instituciones especialmente competentes –Consejería de Sanidad del Gobierno de Cantabria y Ayuntamiento de Torrelavega de la que es ciudadanos el joven Nehemías- las gestiones fueron decepcionantes; ni el menor caso; es decir, lo de siempre: encogimiento de hombros, pasividad y, si la presión era fuerte por el apoyo de los medios de comunicación, algún responsable alegaba que tal disposición europea o mundial impedía ayudas para tratamientos experimentales. ¡Asombroso!. Sí uno piensa que no sólo es sorprendente –realmente nos parece vergonzante- que autoridades públicas con competencias, para huir de la toma de decisiones o evitar mojarse en un asunto concreto, puedan ampararse en supuestos legalismos europeos o mundiales cuando está en juego el valor supremo de una vida humana. 

 

         A esta actitud sigue, además, la indiferencia con uno de los nuestros pues setenta y dos horas después de su operación con éxito aún no ha llegado el aliento –no consta, al día de hoy, un simple telegrama que, por lo general, redacta una secretaria o el responsable de protocolo- para la familia y el joven Nehemías que vive horas inquietantes a miles de kilómetros de Cantabria, por los dirigentes de la Sanidad, de los señores Revilla y Sieso y del alcalde de Torrelavega. Para otras cosas mucho menos humanas y solidarias, no faltan gastos y protocolos. Sin embargo, toda esta actitud de indiferencia contrasta con la actitud generosa de muchos ayuntamientos de Cantabria –incluso con presupuestos exiguos- que en la medida de sus posibilidades han arrimado el hombro a favor del derecho a la vida de uno de los nuestros. 

         Celebramos el éxito de la operación solidaridad y, sobre todo, del resultado de la intervención realizada a Nehemías que podría garantizar –nada más y nada menos- que la vida del joven cántabro. Una situación que nos demuestra que el derecho a la salud –sobre todo a la vida- no está garantizado. El Gobierno de Cantabria que tiene competencias exclusivas en sanidad, contó y cantó –en su momento- las excelencias de la negociación de la transferencia afirmando haber obtenido no se cuántos miles de millones de pesetas más de las previstas y, sin embargo, no ha tenido la sensibilidad de aportar unos millones en nombre de los ciudadanos que pagamos los impuestos para el fin noble, maravilloso y digno de garantizar el derecho a la vida de Nehemías. Cuando existen casos excepcionales, deben ofrecerse salidas excepcionales. Aquí, a encogerse de hombros, que es lo fácil y cómodo.  

A TODOS NOS DUELE VALDECILLA

          Ocho sindicatos integrados en el comité de empresa de Valdecilla han denunciado esta semana que el Hospital Valdecilla es un auténtico desbarajuste y que es un centro asfixiado. Cartas de lectores en los medios, quejas ciudadanas coinciden con esta valoración que es el resultado del gran error histórico del actual Gobierno PP-PRC que pagarán varias generaciones de cántabros al no optar, en su momento, por un hospital nuevo. Casi siete años de obras, más de veinte mil millones de pesetas a invertir y, al mismo tiempo, prometer y no cumplir el funcionamiento correcto de los servicios, refleja claramente la incompetencia de los gestores de la sanidad cántabra. Valdecilla se mantiene gracias a sus excelentes profesionales y a su pasión por cumplir con sus deberes que tanta relación directa tienen para la salud de los ciudadanos. Cualquier cabeza mínimamente equipada debió intuir este caos, que es difícil reflejar si no se vive como enfermo. 

         La cobardía ante el riesgo, la sumisión a los intereses centralistas, la falta de ver un horizonte a varias décadas, han impedido que los cántabros contemos con un hospital del siglo XXI para gran parte del siglo XXI. Un Valdecilla nuevo hubiera significado aportar diez mil millones más de las obras a realizar pero había sido un centro punta, con cimientos y estructura nueva y moderna y en vez de siete años de obras se habría finalizado en la mitad de tiempo. No han condenado, sin embargo, a contar dentro de unos años con un hospital guapo –faltaría más si se van a invertir veinte mil millones de pesetas después de una tragedia- pero viejo y anticuado. Valdecilla representa la mediocridad de la época en que vivimos, mientras en Austria el Gobierno fue capaz de arrancar al Gobierno central antes de firmar las transferencias un Hospital General nuevo que será emblemático para la comunidad vecina. 

         Aquí, sin embargo, nadie dimite. Del Barrio debiera tener el gesto y que, por fin, se escuchara la voz del regionalista Sr. Revilla, que en la última década lo más que ha aportado al debate sobre Valdecilla se centró en las famosas vallas que, por cierto, cuando llegó al poder, olvidó por completo. Aunque esto es lo que tenemos, no podemos resignarnos ante esta apatía y falta de lucha por derechos transcendentes de los cántabros.

 Alerta 15.06.2002