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Cajas de Ahorros: cabalga el "caballo de Troya/1" |
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Las
cuotas participativas representan la privatización de estas entidades en
un horizonte de unos pocos años y la eliminación del principio de una
“caja por autonomía” agita el fantasma de las fusiones o absorciones. Los partidos en el Parlamento cántabro permiten –con su silencio- una amenaza cierta y real sobre nuestra entidad de ahorro, con grave riesgo para el futuro de las familias con menos recursos, pequeños empresarios y autónomos. |
En
los últimos cinco años he escrito una docena de artículos sobre el
presente y futuro de las Cajas de Ahorros en España, algunos de los cuales
pueden consultarse en mi página web, además de la organización de unas
jornadas nacionales sobre las Cajas ante el Tercer Milenio en las que
participaron expertos de primera fila.
Muchos de los temores que he expuesto
-en reflexiones inéditas aquí en Cantabria- se confirmarán en un
plazo de tan solo unos meses cuando las Cortes Generales aprueben la ley
financiera, que
incluye en el proyecto ya aprobado por el Congreso de los Diputados
–y solo pendiente del trámite del Senado- propuestas que significan una
amenaza real y definitiva para las cajas y, sobre todo, para las pequeñas y
medianas: por un lado, la eliminación del principio que impedía la fusión
o absorción entre cajas de distintas Comunidades Autónomas y, por otro, la
aprobación de las cuotas participativas que aunque se afirme, por sus
defensores, que es para fortalecer las cajas con la captación de nuevos
recursos, en el fondo de la propuesta en la que el Partido Popular lleva la
iniciativa y el PSOE finalmente irá de acompañante, se esconde un interés
en privatizarlas a unos años vista, entregando
a la gran banca el patrimonio más codiciado que representa, nada
menos, que el 52 por ciento del sistema financiero español. Las
cajas españolas han iniciado el cuarto siglo de su existencia con un
horizonte cargado de incertidumbres. Por un lado, la nueva regulación
estatal que va a articular las cuotas participativas que sin derechos políticos
–en su primera fase-
nadie duda que en unos años presionarán para lograrlos y, de esta
manera, decidir la propiedad de las centenarias entidades del ahorro
popular; por otro,
la nueva ley de Cajas de Cantabria ha entrado en vigor ayer y dentro
de unos meses deberá ser modificada por mandato de las Cortes Generales
para incluir las nuevas normas básicas, coyuntura que coincide con la
imposición, aquí en Cantabria, de una ley que empaña la imagen de
la propia Caja al impedir los partidos parlamentarios PP, PSOE y PRC un
avance en principios –hoy defendidos en todas las altas instancias
financieras- como los de profesionalidad e independencia, hecho que se pone
claramente de manifiesto en la distribución de los porcentajes de los
distintos grupos: los impositores, con un veinticinco por ciento del total
de la Asamblea General,
cuentan con una representación que no tiene peso alguno frente a la
presencia política directa (cincuenta por ciento) más la sugerida (dieciséis
por ciento) ya que para este grupo de entidades la propuesta debe surgir del
Parlamento (partidos políticos) por una mayoría de dos tercios,
quorum especial que se fija a los solos efectos de imponer un
consenso entre partidos para el reparto de este grupo de consejeros. En
el desarrollo del trámite para la aprobación de la ley de Cajas de
Cantabria no se ha expresado, por ningún grupo parlamentario, el
significado de que a pocos meses vista se alteren dos principios básicos
–cuotas y eliminación del principio “una caja por autonmomía”- que
supondrán, además,
la desnaturalización de la ley recientemente aprobada y, por tanto,
la introducción de efectos perturbadores, desasosiego y peligro para una
Caja mediana como la de Cantabria. Con la entrada de capital extraño en las
cuotas participativas, los grandes intereses tomarán posiciones para cuando
llegue el momento iniciar el asalto final, siendo las cajas, sobre todo las
de tamaño como la cántabra, el gran bocado apetecible tanto para otras
cajas que actúan ya como bancos o, para los grandes grupos bancarios. La
eliminación, además, de las fronteras autonómicas para los intentos o
propuestas
de fusión o absorción entre cajas, pondrá de manifiesto que el
guiso político entre el PP y el PSOE está listo para imponer en un
horizonte de unos pocos años, mientras que el PRC, cómplice en el
silencio, asiste a este debate solo preocupado por algunos intereses económicos
que se desprendan del pacto y acentuar su clientelismo político, gracias al
que sobrevive electoralmente. Sorprende, no obstante, que el responsable de economía del PSOE, señor Sevilla, declare estos días que las cuotas participativas representan el “caballo de Troya” para la privatización de las Cajas. No entiendo que haya intuido, de repente, esta seria amenaza que se cierne sobre las cajas, cuando la propuesta ya está aprobada por el Congreso de los Diputados; por el contrario, más bien parece una declaración “maquillaje” sobre el escarnio que preparan –unos y otros- contra unas cajas que poco a poco serán expoliadas, perdiendo la sociedad un patrimonio heredado de tiempos pasados que fueron enriqueciendo y acumulando gracias al prestigio de estas entidades y que han representado una cierta clave en el progreso de las familias menos pudientes, pequeños empresarios y autónomos. Este responsable socialista es el mismo que recientemente ha organizado un debate con el atractivo título de “Las Cajas de Ahorros de la Ciudadanía” y, sin embargo, allá donde mandan o, donde no lo hacen pero alcanzan acuerdos, su estrategia pasa por imponer un fuerte peso de la representación política –como han hecho en Cantabria- para mantener un férreo control de unas cajas que tradicionalmente han sido más grandes cuando más independientes fueron.
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Solo los ignorantes pueden ser inconscientes sobre lo que acecha a Cantabria y a una entidad como la Caja en un horizonte de unos cuantos años, cuando es vital para el desarrollo económico y cultural de la comunidad cántabra. Sin embargo, a los redactores y promotores del consenso de la ley de Cajas de Cantabria habrá que atribuirles, al menos, saber que es lo que hacen, intuir los retos e inquietudes de estas entidades y desde estos conocimientos –si es que de verdad los poseen-, alertar sobre lo que viene, salvo que no tengan independencia, sean domésticos de otros poderes o, finalmente, solo se muevan por intereses personales y de partido que puedan ser un tanto inconfesables. En consecuencia, ya cabalga el “caballo de Troya” y, como siempre, contra los más débiles.
ALERTA 3/08/2002 |
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