Cajas de ahorros y vocación territorial 1/

Las cajas necesitan, en ocasiones, tomar decisiones en favor de objetivos que responden al interés general de la comunidad en la que operan, pero que en puridad financiera podrían presentar dudas razonables. Esta apuesta la hacen las cajas y no los bancos; es decir, es lo que marca la diferencia. El dividendo de los bancos es puro y duro que repercute en sus accionistas; las cajas, por el contrario, tienen otro dividendo, el social.

En España hay un pequeño grupo de grandes cajas y un numeroso grupo de pequeñas y medianas cajas. Es evidente que de este grupo el caso que conozco con más profundidad es el de Caja Cantabria, una entidad centenaria que no sólo por lo que significa en la vida económica de Cantabria, puede servirnos de modelo para analizar sus posibilidades de futuro como una caja, además, cuyo negocio abarca únicamente el territorio cántabro - salvo una simbólica presencia en Madrid -, lo que nos da idea de su tamaño, vocación e identidad con el territorio en el que opera, que tiene la ventaja adicional sobre otras al pertenecer a una comunidad uniprovincial.

La caja cántabra dispone de quinientos cincuenta mil impositores ; es decir, un número mayor al total de la población de la Comunidad Autónoma; 144 oficinas distribuidas por el territorio; aportando casi un dos por ciento del PIB de Cantabria y el O,55 de su empleo, que a lo largo del año 2000 concedió algo más de cuatro mil préstamos hipotecarios por un importe cercano a los setenta y cinco mil millones de pesetas. Un balance que reafirma su tradicional solvencia para una caja más pequeña que mediana de todas las que forman parte de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), pero que siendo de tamaño medio ha evitado un seguro monopolio bancario en la comunidad cántabra.

La pregunta que vamos a contestar se refiere a las alternativas por las que debe apostar una caja del tamaño de la cántabra para asegurar en el futuro su fortaleza tradicional. Destacaría las siguientes: 1). Profundizar en su vocación cántabra demostrando, como en el pasado, disposición y sensibilidad en relación a los problemas de la Comunidad Autónoma; 2). Colaboración, en lo posible, con las instituciones de Cantabria en el desarrollo regional, que sea al tiempo exigente a la hora de recabar la misma colaboración de esas instituciones que puede dar a la entidad muchas oportunidades de negocio, en reciprocidad a la alta inversión, que no gasto, de su obra social; 3). Desarrollar prácticas de cooperación con Cajas de igual tamaño en la distribución de determinados productos que permitan, con criterios plenamente empresariales, encontrar, dentro de su tamaño, fórmulas adecuadas para competir; 4). Una labor gerencial transparente y responsable que controle eficazmente no crecer en costes pero también contar con los sistemas de información precisos para saber por quién se genera cada coste y, 5). Anticiparse a las agresiones que puede recibir su mercado tradicional.

La colaboración necesaria entre una caja y el campo institucional de la comunidad en la que opera debe tener, necesariamente, unas limitaciones muy estrictas. Si estas cajas muy vinculadas a su territorio tienen que ser sensibles a los objetivos que defienden sus administraciones públicas, especialmente en promoción económica, ese mismo poder político está obligado a velar por la autonomía de gestión de los órganos de gobierno de su caja en materia de inversiones y, en cuanto a la obra social, debe gastarla y visualizarla quién la genera, es decir, la propia caja. Intromisiones en estos campos serían negativos ya que se limitaría la propia libertad de negocio y la operatividad de la entidad en su responsabilidad de obtener los mejores resultados que afiancen su solvencia.

La vinculación regional de una caja se demuestra con decisiones a veces comprometidas y que, generalmente, precisan de un consenso en sus órganos de gobierno ya que no siempre desde las instituciones que ejercen la inspección de cajas y bancos, se entienden determinadas decisiones que justifican la vinculación de la entidad al territorio del que surge desde su fundación. Escuché en una ocasión a don Julio Fernández Gayoso, ejemplo de eficiencia gerencial al frente de CaixaNova, que las cajas necesitan, en ocasiones, tomar decisiones o apuestas por objetivos que responden a un interés general de la Comunidad, pero que en puridad financiera podrían presentar algunas dudas razonables. Esta apuesta la hacen las cajas y no los bancos; es decir, es lo que marca la diferencia. El dividendo de los bancos es puro y duro que repercute en sus accionistas; las cajas, por el contrario, tienen otro dividendo, que es social. En Cantabria, por ejemplo, la responsabilidad de la situación de una empresa como Sniace correspondería a Banesto que históricamente controló un gran paquete de acciones y que nombraba los gestores y los consejos de administración; sin embargo, en su agonía no ha sido un banco sino la caja la entidad que ha acudido a una apuesta que coincide con un interés general de cooperación.

Operaciones como ésta se pueden dar de tiempo en tiempo, pues no puede ni debe arriesgarse la solvencia de una entidad, razón por la cual desde los poderes públicos debe actuarse con singular prudencia. El gobernador del Banco de España en su reciente discurso ante la asamblea de la Confederación Española de Cajas de Ahorros ha advertido sobre los riesgos de confundir fines sociales con objetivos de política pública, añadiendo un criterio acertado en cuanto a que en diversos foros e instituciones se han apuntado las dificultades derivadas de la falta de identificación de la propiedad y de la ausencia de mecanismos de equilibrio y control del mercado_. Estas palabras del máximo representante del Banco de España merecen una reflexión que sin cuestionar la colaboración positiva, sí parece aconsejable actuar con prudencia responsable.

Cantabria, como otras comunidades autónomas con una caja de ahorros asentada y que en sus cien años largos de existencia ha demostrado una solvencia acreditada, presenta un distribución del crédito más equilibrada que la media nacional y por encima de los niveles de la Unión Europea, gracias a su actuación específica como caja con vocación regional Es precisamente la distribución equilibrada del crédito uno de los valores más significativos que aportan las Cajas en el sistema financiero español de las últimas décadas - esencial para la promoción de la clase media en los años sesenta o, el acceso a la vivienda en los últimos tiempos -, mientras que en países en los que han desaparecido entidades financieras locales con el cierre de sucursales en pequeñas poblaciones, se ha producido, casi automáticamente, que familias con escasos recursos o minorías étnicas, hayan comenzado a encontrar problemas serios para acceder a un crédito de vivienda o para un bien familiar. En España y en Cantabria esta situación se evitará mientras existan las cajas de ahorros que desde 1997 vienen concediendo más del cincuenta por ciento del crédito hipotecario.

En definitiva, para asegurar una vocación territorial no deberá perderse como referencia irrenunciable la rentabilidad de los recursos para asegurar la solvencia y que, en ningún caso, las decisiones sobre inversión puedan poner en peligro la estabilidad, ya que esa necesaria vocación regional como protagonismo de las cajas solo es posible si la entidad garantiza unos beneficios suficientes, lejos de cualquier aventura; beneficios que deben permitir la independencia del proyecto de Caja regional para que siga cumpliendo eficazmente su protagonismo en el desarrollo económico y social de las familias cántabras.

ALERTA 12-05-2001.