El nuevo teatro: falta de ambición por Torrelavega
Las grandes inversiones se hacen para décadas y ésta nace empequeñecida para las necesidades de la ciudad.
La ambición - hace casi cien años - de los tres torrelaveguenses que construyeron el Teatro Principal, fue inmensa en relación a la mezquindad del proyecto que acaba de presentarse.
Por fin, después de años de espera, se ha conocido el proyecto de teatro para la ciudad. Esperanza, por un lado; decepción, por otro. Pero decepción que, desde mi perspectiva, es irritante ya que las inversiones, las grandes inversiones, se hacen para décadas y la del previsible nuevo teatro nace empequeñecida para las necesidades de la ciudad, con poco más de seiscientas localidades.
Recuerdo que cuando el señor alcalde en su etapa de consejero de Cultura no cumplió una resolución del Parlamento aprobada en 1995 por la que el Gobierno se comprometía a dotar a Torrelavega de un teatro, pensé que al iniciarse el siglo XXI el Gobierno de la Comunidad Autónoma - con fondos propios en su totalidad - haría realidad una de las esperanzas y anhelos de la ciudad. Un gran teatro, suficiente, nuevo, signo de prestigio para una Torrelavega del nuevo siglo.
En el actual espacio que ocupa el Palacio de Festivales de Santander estaba previsto construir, en principio, una especie de pequeño palacio de congresos y auditorium, con una inversión de mil quinientos millones de pesetas. Al final, con buen juicio, se levantó el actual Palacio de Festivales con una inversión próxima a los seis mil millones. Sin embargo, Santander tiene una infraestructura construida en el siglo XX pero suficiente para este nuevo siglo.
Para Torrelavega, el Gobierno cántabro - vaya gestión en favor de la ciudad - aporta menos del 10 por ciento del costo total del Palacio de Festivales de Cantabria y presenta una maqueta con un aforo algo superior a las seiscientas plazas. En definitiva, será útil - que no lo negaré -, pero es un teatro definido y construido en el siglo XXI del que pronto se hablará sobre su insuficiencia y pequeñez.
En el Boletín Oficial del Parlamento número 63, correspondiente al 12 de diciembre de 1995, se publicó una iniciativa parlamentaria que presenté para instar al Gobierno de Cantabria a que construyera el teatro de Torrelavega. Como el objetivo era del máximo interés, cedí en algunos apartados de la redacción para consensuar la resolución parlamentaria, que fue aprobada por unanimidad. Se instaba al Gobierno a definir en seis meses el proyecto de teatro y proceder a su construcción. Era consejero de Cultura y, por tanto, responsable, el señor López Marcano. Pasaron los años 1996, 1997, 1998 y 1999 y nada se hizo. ¿Que mejor oportunidad para que desde esa supuesta "pasión" por Torrelavega definir en esos años el proyecto de teatro?. No se hizo porque no se quiso, no interesaba políticamente. Se castigaron los intereses generales de Torrelavega y los instigadores de ese castigo aparecen con toda nitidez.
Ahora, cinco años después, cuando ese teatro podría estar construido y disfrutado por los ciudadanos, el Gobierno y el Ayuntamiento presentan la maqueta, con el compromiso por parte del Ejecutivo regional de aportar algo más de 400 millones de pesetas; es decir, para uno de los proyectos más esperados, más ambiciosos y anhelados, se va a "ayudar" a esta ciudad con apenas tres veces más de lo que costó el puente de Torres y algo menos de la mitad del importe del soterramiento de una ronda al paso por el Barrio Covadonga. Pero si buscamos otras variaciones, la de la proporcionalidad en las inversiones, la aportación real apenas alcanza el ocho por ciento de lo que costó el Palacio de Festivales de Santander y es inferior a lo que anualmente aportamos los cántabros - a través de subvenciones del Gobierno - para asegurar una programación estable a ese Palacio. ¡Vaya gestión en defensa de Torrelavega!.
Con este tipo de acciones supuestamente en pro de Torrelavega, me descubro ante tres torrelaveguenses - don Juan de Obregón, don Demetrio Herrero Proigas y don Alejo Etchart que hace casi cien años construyeron el Teatro Principal, que sólo por la nefasta piqueta - no por otra razón - fue derruido setenta años después de su inauguración. Aquellos si que fueron héroes en pro del progreso y del engrandecimiento de Torrelavega tal y como recogemos de El Impulsor en su número de 13 de mayo de 1905, donde se escribe en honor de ellos "que nunca agradecerá bastante el pueblo de Torrelavega su patriótico entusiasmo en favor de sus convecinos y del buen nombre de esta ciudad". Construyeron el teatro con dinero propio; ahora se hace con dinero público, pero su ambición positiva hace casi cien años, fue inmensa en relación a la mezquindad del proyecto que se nos acaba de presentar; eso sí, las autoridades presentes no se han atrevido a decir que es "el mejor del mundo conocido".
ALERTA 8-07-01