Racing: ¡por dignidad!

Cuando la competición soporta el delito en la falsificación de pasaportes y algunos clubes han jugado con ventaja, el equipo cántabro no puede admitir regateos en su derecho de reclamar y que las decisiones, en uno u otro sentido, puedan tener efectividad plena.

No recuerdo quién dijo "no admito podas ni regateos en mi derecho:¡todo o nada!." Tomando como afortunada esta frase, sobre todo cuando aquellos que tienen que decidir esconden la cabeza bajo el ala, el Racing, primer club de Cantabria en masa social, ha decidido jugarse el futuro inmediato a través de un órdago. Todos presentimos que una denuncia presentada en febrero y no resuelta por temor, posiblemente, a destapar el gran escándalo existente con los pasaportes falsos, quiere ignorarse con el paso del tiempo o, hacer imposible su cumplimiento cuando se produzca; es decir, generar una doble injusticia.

La baza del Racing en ningún caso puede entenderse como un ultimátum. Se pide lo que es un derecho en un Estado de Derecho; en concreto, que una denuncia sobre una adulteración de la competición se resuelva y, en caso afirmativo o negativo para nuestros intereses, pueda ejecutarse, es decir, surtir efectos. En consecuencia, se reclama un derecho que no debiera solicitarse sino garantizarse por los responsables de los distintos órganos federativos, si es que juegan con cartas limpias.

Se trata de un órdago sólo para valientes en un país donde las estructuras - y, sobre todo, lo que entendemos por justicia - no funciona precisamente con normalidad, lo que motivó una frase con historia que sentenció que todo era un cachondeo. No hace falta esgrimir argumentos para convencer que esto del fútbol hace tiempo que es un cachondeo (e, incluso, algo más, todo un gran fraude) hasta el punto de que estamos ante una temporada adulterada en lo deportivo, ya que cuando se infringe la legalidad, se falsean pasaportes, la federación y los distintos comités - al contrario de lo que está ocurriendo en otros países europeos - se encogen de hombros y permiten que una denuncia fechada en febrero y sin resolver, pueda promover que las estructuras de la competición futbolística española lleguen a tambalearse, siempre que el Racing - Consejo de Administración, accionistas y masa social - mantengan el órdago.

El Racing pide justicia y todo le avala. No ha sido oportunismo, ni tampoco la pataleta de un club en situación crítica. Desde hace cuatro meses, el club cántabro viene reclamando justicia sobre una cadena de delitos que numerosos equipos de fútbol vienen cometiendo con la falsificación escandalosa de pasaportes, donde los clubes que han ejecutado esos delitos alterando el buen orden deportivo y una competencia desleal, no son castigados.

No es aceptable que en España se amparen estas conductas antideportivas que, sin embargo, las fiscalías de varios estados europeos están persiguiendo de oficio y sus autoridades deportivas dictando justicia con su autoridad - el otro día el Estrasburgo perdía tres puntos por alineación indebida por pasaporte falso - y, todo ello, además, a pesar de que las autoridades internacionales del fútbol han instado reiteradamente a las federaciones nacionales a castigar sin contemplaciones este fraude deportivo.

Las próximas horas son decisivas. Los aficionados quieren que se acate por todos el buen orden deportivo; que la justicia deportiva funcione en tiempo lógico aunque la pida una parte no poderosa; que frente a estructuras muchas veces caciquiles, caprichosas, que no son capaces de garantizar una correcta competición, por esta vez, entendemos, no se doble la rodilla y ¡por dignidad! tomemos por fin una decisión que trasmita una voz inconformista y reivindicativa, precisamente, de un derecho que no habría que reclamar como es el de la justicia, cuando esta temporada por indolencia, chanchullos y encogimiento de hombros, ha instalado a la competición y a las estructuras del fútbol bajo algo más que una sospecha.

Recuerdo, en el terreno de lo institucional, que en 1983 reclamábamos desde el primer Gobierno de Cantabria la creación de la Facultad de Derecho, peticiones que el ministerio de Educación, entonces competente, ignoraba sistemáticamente. Aquel verano se emplazó al ministro en un viaje a Cantabria a que ofreciera respuesta positiva. No había forma. En aquellas circunstancias, era inaceptable asumir el papel de acompañantes acólitos del señor ministro, tomándose la decisión de boicotear institucionalmente su visita y suspender los actos inicialmente pactados, al tiempo que se ofrecía un duro comunicado contra el Ministerio de Educación. Era agosto y dos meses después se creaba la Facultad de Derecho sin presupuesto, pero quedaba reconocida. Hoy es una espléndida realidad, lo que quiere decir que ganar las guerras exige plantear primero las batallas.

Aunque el contexto y el asunto que nos ocupa sea bien distinto, entiendo que a veces hay que hacer algo que trasmita la irritación y el profundo malestar por una determinada situación. En esta tierra no siempre se hace; al contrario, se acata más que se levanta con dignidad la cabeza; se dobla la rodilla porque lo manda el señor de Madrid y se asume la injusticia para no poner en riesgo la comodidad y el confort del puesto. Por una vez, nos salimos del "orden" y la disciplina que se nos impone a los que no estamos en el grupo de los poderosos. Se ha hecho lo que exige la dignidad y se ha tomado la decisión que ya en sus tiempos aconsejara Shakespeare:"¡Saca siempre tu espada por el buen derecho!".

(Publicado el 8 de Junio de 2001)

 

 

 

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