Incertidumbres y esperanzas para el nuevo siglo
Recordando que algunos aspectos de la fantasía de Julio Verne no ha sido alcanzada por la realidad, constatemos también su temor de que el poder tecnológico puede generar corrupción y que el conocimiento científico utilizado por personas o grupos perversos conduce al mal e, incluso, a la destrucción.
En la investigación que he realizado sobre la Historia de la Prensa de Torrelavega y en el primero de los tres libros que descubre esta faceta de la vida local, en el estudio sobre El Impulsor hice un alto forzado por la curiosidad para analizar como esta publicación torrelaveguense - que con sesenta y cuatro años de historia fue decana de todas las que se editaban en la región hasta su desaparición en 1937 - había despedido el siglo XIX y recibido el nuevo. Fue el número 1.235 de El Impulsor, editado el 30 de diciembre de 1900, al que le correspondió el honor de dar la bienvenida a este siglo XX que agota sus últimos días, destacando en su comentario de primera página su interés en desear a todos los lectores y suscriptores que "salgan satisfactoriamente del siglo XIX, el que en medio de los progresos que le han dado el nombre del Siglo de las Luces se ha portado muy perramente en sus postrimerías" , ofreciendo los mejores deseos para el nuevo año y siglo "con la felicidad que es posible en estos tiempos de mucho pagar y ganar poco, salud ante todo". En el mismo número, el colaborador y especialista en política europea, Garci-Fernández, se quejaba del tratamiento que estaba recibiendo el siglo muerto: "¡Tanto como hemos cantado sus conquistas y hoy todo lo encuentran detestable!" .
La verdad es que el siglo XIX no terminó bien para la sociedad española ya que el contexto social ofrecía muchos déficits; las enfermedades y epidemias presentaban altos índices de mortalidad, existía un alto nivel de analfabetismo y la depresión en prácticamente todos los indicadores marcaba unas condiciones de vida muy distantes de los niveles actuales. Ese contexto de tristeza se vivió con cierta intensidad en nuestra región, al ser su puerto de Santander el lugar de llegada de miles de ataúdes que transportaban los cuerpos de los españoles que habían defendido la patria en los últimos territorios del entonces ya finiquitado imperio español. El siglo, sin embargo, había apostado en sus dos últimas décadas por ofrecer un paso adelante que significara cierta modernidad con la invención del teléfono (1876) y cuando en 1886 se hace la luz con el alumbrado público de Gerona (la segunda ciudad en conseguirlo después de Londres), adelanto que se invocó como obra de magia, lo que motivaría iguales anhelos en el resto de ciudades de España que poco a poco comienzan a disfrutar de la luz eléctrica y todo lo que ha acompañado a semejante invento en el seno de las familias, avances que se generalizaron en las primeras décadas del siglo XX.
Cada siglo representa un balance sobre las transformaciones que ha aportado. Cuando estaba a punto de llegar el siglo XX, los escritores que se aventuraron a realizar predicciones, afirmaron que el hombre que vivió a partir de 1800 ignoraba los extraordinarios descubrimientos que se lograron en ese siglo. Con toda seguridad, los que se atrevan a pronosticar lo que será el siglo XXI en cuanto a adelantos y descubrimientos, no acertarán en sus pronósticos cuando llegue el balance del siglo que se inicia y que podrá realizarse a medida que el mundo se aproxime al 31 de diciembre del año 2100. Un americano, Edward Bellamy , en su obra "Mirando atrás" (1888), pronosticó para el 2000 una ciudad, la americana de Boston, bajo un sistema socialista ideal. No creo que estén muy de acuerdo los pobres de Boston, grupo social del que forman parte los negros y los hispanos especialmente, en el contexto de una sociedad presidida precisamente por el capitalismo. En el libro de Bellamy el protagonista de la obra cae en un sueño profundo, del que debería despertar en estos últimos días del siglo XX para apreciar y disfrutar de un mundo en el que habrían desaparecido las desigualdades. No he leído el libro de Bellamy, razón por la que desconozco si se aventuraba a descifrar lo que serían continentes como el de Africa, donde los muertos de hambre se suman por millones. Siglo injusto y desigual en lo social, afirmación que no admite mucha duda, dependiendo la suerte de venir al mundo en Europa o en Africa.
Este siglo XX al que decimos adiós ha significado una explosión de gran alcance en el saber científico, lo que ha traido una gran cantidad de tecnologías y sistemas que demuestran la capacidad del ser humano. El desarrollo y dominio de las ondas electromagnéticas nos ha llevando a un tiempo nuevo en las telecomunicaciones, difícilmente pronosticable hace cien años. ¡Que decir de la invención de la destructiva y amenazante bomba atómica ya experimentada en dos ciudades japonesas hace medio siglo o, la llegada del hombre a la Luna y las investigaciones en Marte!. Imposible de predecir aún cuando Jules Verne, que murió en 1905, imaginó desde su capacidad creativa objetivos de gran visionario que han sido barridos con los avances impresionantes de este siglo. En su fascinante y leído por todas las generaciones "Veinte mil leguas de viaje en submarino" (1870), Verne nos describe el espectacular submarino "El Nautilus" bajo la dirección del capitán Nemo, movido por la electricidad, no imaginando que desde hace ya algunas décadas las armadas más desarrolladas manejan los submarinos de propulsión nuclear cargados hasta los topes de torpedos destructores. Cierto es que en algunos aspectos la fantasía de Verne no ha sido lograda por la realidad, así como también constatamos su temor - que sigue existiendo - de que el poder tecnológico puede generar corrupción y que el conocimiento científico utilizado por personas o grupos perversos conduce al mal e, incluso, a la destrucción.
De este siglo quedará, sin duda, el afán de sus investigadores por responder más que nunca a las grandes preguntas del hombre. Gracias a insignes investigadores hemos comenzado a descubrir qué y quienes somos a través de los adelantos en la genética, la biología o la física de partículas. También empezamos a saber de donde venimos con importantes descubrimientos sobre el origen del hombre. Pero aún aceptando una definición del siglo XX como el de las grandes revoluciones conceptuales y tecnológicas, faltan todavía importantes y decisivos descubrimientos y, para ello sólo hay que recordar la reflexión del gran Ramón y Cajal, quién afirmó - y el reto sigue pendiente - que "mientras el cerebro humano sea un misterio, el Universo será un misterio" . Así, el siglo XXI puede ser el tiempo de nuevos y sorprendentes avances científicos y médicos, sobre todo en el conocimiento del fenómeno del genoma y comprender el funcionamiento de la mente.
Damos la bienvenida al siglo XXI esperando que todas las aportaciones que se alcancen lo sean en beneficio de los ciudadanos del planeta, inculcándose en quienes tengan poder de decisión que no es posible mantener durante mucho tiempo los antagonismos de la sociedad que se abre al nuevo siglo: ciudadanos que vivimos en la opulencia de la sociedad industrial y ciudadanos que, todos los días, mueren de hambre y enfermedades que desde hace décadas son combatidas con éxito por la medicina de la que nosotros disfrutamos. Tenemos que ser conscientes de que en un inmenso Universo, habitamos en un frágil planeta, todos respiramos el mismo aire, pero es un mundo frágil cuyo peligro radica en el deterioro progresivo del medio ambiente, los avances mal administrados y las desigualdades profundas que pueden provocar su autodestrucción.
Una reflexión final. Quienes pertenecemos al protagonismo activo de la actual sociedad que despide al siglo viejo y recibe al nuevo, que estrena también milenio, tenemos una inmensa deuda, impagable a todas luces, hacia nuestros antepasados más próximos que sufrieron penalidades, adversidad, miserias, enfermedades; en suma, auténticas calamidades para permitirnos, con su trabajo, esfuerzo y sacrificios, disfrutar de una sociedad más justa y próspera, menos desigual, en la que el sufrimiento y la penalidad son menores. Mi homenaje y, seguro que el del lector, a todos esos protagonistas que nos abrieron a este mundo diferente, aunque siga deparándonos injusticias y ofreciéndonos imágenes de crueldad y miserias humanas.
(ALERTA 30.12.2000)