Jueces y disputa electoral americana

La derrota poco clara del demócrata Gore y la victoria que el Supremo concedió a Bush, nos hace evocar esta tremenda reflexión del juez Stevens: "... la identidad del perdedor está clara. Es la confianza de la nación en el juez como guardián imparcial del ejercicio de la ley".

George W. Bush ya es el 43º Presidente de los Estados Unidos después de que los jueces le otorgaran la victoria. Así se expresaba un comentarista de la CNN el pasado jueves, cuando tras el veredicto del Supremo el todavía vicepresidente Al Gore se disponía a anunciar que definitivamente abandonaba la lucha en los tribunales, a pesar de que ha tenido una derrota poco clara o, mejor dicho, después de que Bush le ganara con muchas, muchísimas dudas, sobre los resultados reales que hubieran ofrecido los recuentos electorales que la Corte de Florida ordenó y que el Supremo de Washington paralizó para decidir, por primera vez desde los tribunales, quien debía ser el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Los datos finales son concluyentes: Gore obtuvo 267 votos electorales por 271 el republicano Bush, mientras que en votos populares el 48,3 apuntaron a Gore como presidente y el 47,9 al republicano, es decir, una diferencia de casi cuatrocientos mil votos a favor de quién precisamente no va a ser presidente de los Estados Unidos. En consecuencia, puede afirmarse que el candidato demócrata fue derrotado por el Supremo, pero nunca se sabrá si perdió en las urnas, hecho éste que debe hacernos reflexionar sobre el poder omnímodo de los jueces que, en ocasiones, puede distorsionar -al no permitir su verificación- la voluntad popular, en este caso de la primera potencia mundial

En plena controversia electoral he permanecido casi quince días en los Estados Unidos y, en concreto, en Washington y en Florida, dos de los escenarios, con el de Tejas, estado del que es gobernador el nuevo presidente americano, que centraban la atención de los americanos -al menos de la mitad de la población- que había acudió a las urnas y que, por tanto, no eran tan indiferentes sobre la elección presidencial. En Washington escuché y constaté que si las elecciones de Florida hubieran sido precisas, Gore sería el presidente electo, tesis que sustentaba con sus recursos el vicepresidente desde su residencia del Observatorio Naval de la avenida de Massachusetts, vía que recorrí a pie en dos o tres ocasiones bajo el sol pero con el frío intensísimo que es habitual en esas fechas y que lleva directamente desde el hotel Washington Hilton -en el que Reagan sufrió un atentado en 1981- hasta la Casa Blanca. En la capital federal americana ha existido la impresión de que el 7 de noviembre hubo más gente en Florida que fue a las urnas queriendo votar por Gore que por Bush.

Estas especulaciones, comentarios e impresiones de Washington también se confirmaron en Florida durante mi estancia en el estado de la naranja, el más soleado de los Estados Unidos. El "Miami Herald" publicó un estudio de la Arizona State University que aseguraba que Gore habría ganado Florida si se contaban todos los votos y cada lector hubiera votado por el candidato que quería. De un total de poco más de seis millones de votos, Bush ganó según determinó la Corte de Florida por algo más de cien votos, cuando un total de 185.000 votos no fueron leídos por las máquinas de recuento porque no estaban bien marcados. El estudio aseguraba algo más: en los colegios donde ganó Bush uno de cada 40 votos ha sido oculto; en los colegios donde ganó Gore, la proporción es mucho más alta, uno de cada 27. Por su parte, el "Orlando Sentinel" publicó otro estudio que a la hora de analizar la imperfección de las máquinas (en los condados republicanos los métodos de recuento son más modernos, mientras que los de mayoría demócrata, menos prósperos, las máquinas son más antiguas y menos fiables), añadiendo que si en todo Florida se hubiera utilizado el mismo sistema, bien sea el más moderno o el malo, el vicepresidente Gore habría ganado por casi dos mil votos.

Pero al margen de la polémica Florida, Gore no es hoy presidente electo por errores propios. Asignando Florida a Bush, al vicepresidente le hubiera bastado con ganar los cuatro votos electorales del estado, tradicionalmente demócrata, de West Virginia y, sobre todo, con los once de su estado natal de Tennessee. Y su victoria hubiera sido más amplia -afirmación en la que coinciden todos los comentaristas- si se hubiera dejado apoyar por Clinton, que abandonará la Casa Blanca con un alto crédito popular; así, Reagan, hizo ganar en 1988 al Bush padre y, Kennedy confesó en 1960 que si el viejo Eisenhower hubiera hecho campaña más activa y constante a favor de Nixon, el ganador hubiera sido el entonces vicepresidente republicano. Pero estas especulaciones ya no cambian nada, únicamente resumen algunos de los graves errores de cálculo de la candidatura de Al Gore y la idea de su equipo de que la bonanza económica le llevaría sin obstáculos a la Casa Blanca al tener enfrente a un rival intelectualmente mucho menos preparado.

Desde estas reflexiones, entiendo que están totalmente fundamentadas las sospechas de que en las decisiones judiciales ha influido la motivación política y no el honesto deseo de acercarse a la verdad a través de un recuento riguroso de los votos, principio insoslayable de toda democracia. Los republicanos se han apoyado en la justicia federal en la que aún ostentan sus cargos magistrados designados por los presidentes republicanos Nixon, Ford, Reagan y Bush padre, mientras que los demócratas se centraron en la justicia local, respetando la competencia del Estado de Florida. Los primeros intentaron y lograron impedir cualquier posibilidad de recuento; por su parte, los demócratas no han tenido suerte en su demanda del recuento parcial de algunos condados, cuando debieron exigir un recuento general en todo el estado. La justicia, finalmente parcial, inclinó la balanza hacia los conservadores y en este sentido uno de los juces,

John Paul Stevens, ha dejado para la posteridad un pronóstico que merece una reflexión profunda, frase, por cierto, que no ha sido analizada con el detalle necesario: "La columna vertebral del ejercicio de la ley es la confianza en los hombres y mujeres que administran justicia. El tiempo curará la herida que la decisión de hoy ha provocado en esta confianza. Una cosa, sin embargo, está clara. Aunque puede que nunca sepamos, con total certeza, la identidad del ganador en las elecciones presidenciales de este año, la identidad del perdedor está completamente clara. Es la confianza de la nación en el juez como guardián imparcial del ejercicio de la ley". Esta quiebra de la confianza del ciudadano en la justicia nos es muy familiar a los españoles, cuando el partidismo y la política ha entrado en el proceder final de muchos jueces, como acaba de constatarse en la vieja democracia norteamericana. La frase, que duda cabe, tiene una gran carga de profundidad y el tiempo nos dirá si el Supremo americano se recupera de su actual degradación.

Aceptada la designación de Bush, el único saldo positivo es que su amarga victoria le obligará a ejercer de moderado y a intentar una reconciliación con los demócratas. Clinton se va con una América Latina, excepto Cuba, en la que hoy se respetan los derechos humanos más que en otro tiempo, las dictaduras han caído y poco a poco los procesos electorales son más limpios y se garantiza la alternativa. Los republicanos, en el pasado, han amparado muchas dictaduras y representan un cierto peligro en cuanto a que no son tan exigentes como los demócratas en el respaldo a las instituciones democráticas de otras naciones, como ocurrió en los mandatos de Nixon y Reagan. Finalmente, ojalá, a la gobernación de Texas llegue un hombre flexible que atienda la conmutación de las penas de muerte, casi siempre de negros e hispanos, que muchas veces no han tenido una defensa correcta. Ojalá, insisto, la ejecución de condenados en Texas se sustituya por la clemencia cristiana cuando tanto se invoca a Dios entre los políticos norteamericanos, ahora que Bush se va a la Casa Blanca, gracias a su hermano Jeb, Gobernador de Florida y a papa Bush, que en su mandato nombró a jueces que ahora le "devuelven" la presidencia de la primera potencia del mundo.

(ALERTA 16.12.2000)