DEPORTE, AUTOESTIMA Y HACER PAÍS
Cantabria comienza a perder su gran patrimonio deportivo que la destacaban entre las cinco Comunidades Autónomas con presencia en la élite nacional del fútbol, baloncesto y balonmano.
Torrelavega, con la más que probable desaparición del baloncesto en la ACB y el descenso de categoría del voleibol por falta de ayudas, será más triste deportivamente y esta situación generará un determinado impacto negativo.
La revista The Economist demuestra con datos económicos sobre el producto interior bruto, que los éxitos deportivos aumentan la autoestima y la confianza generalizada de la ciudadanía, que a su vez incrementa la demanda y la producción.
Empresas que tienen su sede fiscal fuera de Cantabria se llevan todos los años miles de millones en ejecuciones de obras de las Administraciones y, sin embargo, nadie las exige una sola peseta para sponsorizar el deporte, en detrimento de las empresas cántabras que cotizan aquí.
Siempre he defendido en artículos y como diputado del Parlamento cántabro, una clara identificación y promoción de las instituciones públicas en favor de la especial competitividad de Cantabria en el conjunto del Estado en materia deportiva, que al día de hoy es - en unos días, quizás no - de las más altas de las Comunidades Autónomas si tenemos en cuenta nuestra escasa población. Sin embargo, muchos de nuestros milagros deportivos de Cantabria no han venido por esa vía, sino por el esfuerzo y el sacrificio de personas que lo han entregado todo a la promoción del deporte o que arriesgan muchas veces, más allá de lo que aconsejaría la prudencia, sus propios dineros, contribuyendo a "hacer país" o identidad cántabra.
La prueba de la crisis deportiva que tenemos a corto plazo debiera provocar una reflexión profunda de quienes gobiernan en Cantabria y de algún gobernante municipal, que ya ha significado una frustración en voleibol femenino en Torrelavega que ha tenido que descender de categoría por falta de apoyo económico, tras un cuarto de siglo de militar en la máxima categoría; la inminente desaparición (muy probable) del baloncesto en la máxima categoría, lo que motivará que lo que tanto costó conseguir- en tiempo y esfuerzo económico - se esfume, probablemente para siempre...; el balonmano que sobrevive gracias al generoso esfuerzo del Real Rácing y, finalmente, nuestro club representativo en la primera división del fútbol nacional que no encuentra la apuesta decisiva por parte de esas instituciones que, con más oportunismo que rigor, apelan con frecuencia, sin demostrarlo con hechos, al orgullo cántabro.
Cuando hace unas semanas contemplaba por televisión alguno de los encuentros de España en la Eurocopa, pensaba y me ilusionaba en lo maravilloso que hubiera sido contemplar a tres cántabros - Iván Helguera, Munitis y Engonga - coincidiendo al tiempo en alguno de los encuentros de la selección nacional que disputó la reciente Eurocopa, ya que tres de once hubiera sido una proporción excepcional, aún cuando está que muy bien que de once futbolistas dos cántabros coincidieran en la alineación oficial.
No se si conocerán nuestros responsables públicos que los grandes éxitos deportivos generan un crecimiento del producto interior bruto de una nación o, el impulso en creatividad y crecimiento de una comunidad o ciudad. La revista The Economist ha sacado de dudas a quienes defendían que organizar un gran acontecimiento deportivo reporta muchos beneficios. No es así, lo que aporta realmente beneficios es ganar títulos y generar espíritu de triunfo y de ilusión.
La veterana y venerable revista inglesa en su último número ha destacado que en el caso de Holanda, por ejemplo, durante la Eurocopa recién pasada, el país obtuvo ingresos de apenas 80 millones de dólares por encima de lo habitual, es decir, un 0,2 por ciento del producto bruto nacional. En cambio, tras ganar la Eurocopa en 1988, Holanda experimentó una subida económica notable ya que si antes del torneo el producto bruto nacional crecía a un ritmo de 1,7 por ciento, inmediatamente después, y durante tres años seguidos, creció a un ritmo anual del tres por ciento. Item más. Recopilando estadísticas proporcionadas por el Fondo Monetario Internacional, The Economist demuestra que los últimos cinco países ganadores de la Eurocopa, empezando por Francia, han dado todos un salto económico fuerte a poco tiempo de finalizar los torneos. El caso más espectacular fue el de Dinamarca, cuyo crecimiento económico se triplicó, tras la victoria de su selección en la Eurocopa de 1992.
La revista inglesa viene a señalar que organizar un gran torneo deportivo genera más dolores de cabeza que ventajas a largo plazo e, indica que a pocos empresarios se les va a ocurrir abrir un hotel o un restaurante nuevo simplemente por la expectativa de que se vaya a incrementar la demanda turística durante un periodo de tres o cuatro semanas. Automáticamente la prestigiosa revista se pregunta:¿ por qué ganar un torneo parece ofrecer tan buenas garantías económicas?. The Economist opina que es una cuestión de psicología y añade que un gran triunfo nacional o local - y no existen mayores triunfos nacionales, más allá de la guerra, de los que el fútbol proporciona - aumenta la autoestima de la población y crea la confianza generalizada, que a su vez incrementa la demanda y la producción.
Con seguridad, por ejemplo, la ciudad de La Coruña y la comunidad gallega, con su gran triunfo en la pasada liga española, experimente algún tipo de despegue que viene de la euforia, la autoestima, la confianza y la ilusión en "hacer país". Todo la fuerza institucional que pone la Xunta, por ejemplo, en subvencionar con algunos miles de millones a sus clubes de fútbol a través de su televisión autonómica o, su estrategia en impedir - mejor dicho, convencer - que sus clubes no sean sometidos a un duro control de la Hacienda estatal, contribuye decisivamente a alcanzar un gran éxito deportivo histórico, que termina generando más dinamismo y riqueza al elevar la autoestima y generar un orgullo de comunidad.
Al hilo de lo afirmado, la ciudad de Torrelavega será ésta y las siguientes temporadas, más triste deportivamente y esa situación tendrá un determinado índice de impacto negativo. Sus autoridades dedicadas al gasto de lo supérfulo, mientras los grandes problemas siguen latentes (ya nos ocuparemos) no parece que den la cara y esperan cruzados de brazos que llegue la crisis total. Por su parte, el Rácing para sobrevivir necesitaría, por ejemplo, incrementar sus socios en cinco mil más, alcanzando los veinte mil, así como recibir fondos públicos o privados de empresas suficientes (vía publicidad/sponsorización), éstos últimos forzados por las Administraciones.
Digo o planteo ésto porque tenemos en Cantabria media docena de empresas con sede social y fiscal en Madrid que realizan todos los años obras públicas - en perjuicio de las cántabras que cotizan fiscalmente en Cantabria - bien de la Administración central o autonómica, por importe de bastantes miles de millones y no sólo no dejan una sola peseta en impuestos, sino tampoco se las plantea sponsorizar un deporte que comienza a cosechar esta temporada un fracaso inquietante. Por eso me pregunto, ¿es posible que callen los responsables con la complicidad de quienes con más motivo debieran defender la cantabricidad a través del deporte?. Hoy, por falta de espacio, no quiero ser más explícito, pero lo seré más adelante con datos y cifras para que seamos conscientes de como aquí se hace el bobo.
(ALERTA 15.7.2000)