Las Cajas ante el tercer milenio (2)

VOCACIÓN TERRITORIAL DE LAS CAJAS Y BANCO DE ESPAÑA

Las cajas necesitan, en ocasiones, tomar deciones en favor de objetivos que responden al interés general de la comunidad en la que operan, pero que en puridad financiera podrían presentar dudas razonables. Esta apuesta la hacen las cajas y no los bancos; es decir, es lo que marca la diferencia. El dividendo de los bancos es puro y duro que repercute en sus accionistas; las cajas, por el contrario, tienen otro dividendo, que es social. El Banco de España, por estrictas razones de supervisión financiera, no entra a evaluar la oportunidad de estas apuestas.

En España hay un pequeño grupo de grandes cajas y un numeroso grupo de pequeñas y medianas cajas. Es evidente que de este grupo el caso que conozco con más profundidad es el de Caja Cantabria, una entidad centenaria que puede servirnos de modelo para analizar sus interrogantes y posibilidades de futuro una caja de ahorros, además, cuyo negocio abarca únicamente el territorio cántabro - salvo una simbólica presencia en Madrid -, lo que nos da idea de su tamaño, vocación e identidad con el territorio en el que opera, que tiene la ventaja adicional sobre otras al pertenecer a una comunidad uniprovincial.

La caja cántabra cuenta con setecientas mil cuentas - un cuarenta por ciento más que la población total de la Comunidad Autónoma -; más de trescientos mil impositores; 140 oficinas distribuidas por el territorio; aporta un 1,88 por ciento del PIB de Cantabria y el 0,64 de su empleo, y de su balance de 1998 merece destacar que de los 5.006 millones de beneficios después de impuestos, 3.446 pasaron a reservas y 1.560 a la obra social. Un buen balance que reafirma su solvencia para una caja más pequeña que mediana de todas las que forman parte de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), pero que siendo pequeña ha evitado un seguro monopolio bancario en la comunidad cántabra.

La pregunta que vamos a contestar se refiere a las alternativas por las que debe apostar una caja del tamaño de la cántabra para asegurar en el futuro su fortaleza histórica. Destacaría las siguientes: 1). Profundizar en su vocación regional demostrando, como en el pasado, disposición y sensibilidad en relación a los problemas de la Comunidad Autónoma; 2). Máxima colaboración con el poder político autonómico en el desarrollo regional, que sea al tiempo exigente a la hora de recabar la misma colaboración de ese poder político que puede dar a la entidad muchas oportunidades de negocio, en reciprocidad a la alta inversión, que no gasto, de su obra social; 3). Una labor gerencial transparente y responsable que controle eficazmente no crecer en costes pero también contar con los sistemas de información precisos para saber por qué se genera cada coste y, 4). Anticiparse a las agresiones que puede recibir su mercado tradicional.

 

La colaboración necesaria entre una caja y el poder político de la comunidad en la que opera debe tener, necesariamente, unas limitaciones muy estrictas. Si estas cajas muy vinculadas a su territorio tienen que ser sensibles a los objetivos que defienden sus administraciones públicas, especialmente en promoción económica, ese poder político está obligado a respetar la autonomía de gestión de los órganos de gobierno de su caja en materia de inversiones y, en cuanto a la obra social,debe gastarla y visualizarla quién la genera, es decir, la propia caja. Intromisiones en estos campos serían negativos ya que se limitaría la propia libertad de negocio y la operatividad de la entidad en su responsabilidad de obtener los mejores resultados que afiancen su solvencia.

La vinculación regional de una caja se demuestra con decisiones a veces comprometidas y que, generalmente, precisan de un consenso en sus órganos de gobierno ya que no siempre desde el Banco de España, como institución que ejerce la inspección de cajas y bancos, se entienden determinadas decisiones que justifican la vinculación de la entidad al territorio. Escuché en una ocasión a Fernández Gayoso, ejemplo de eficiencia gerencial al frente de CaixaVigo, que las cajas necesitan, en ocasiones, tomar decisiones o apuestas por objetivos que responden a un interés general de la Comunidad, pero que en puridad financiera podrían presentar dudas razonables. Esta apuesta la hacen las cajas y no los bancos; es decir, es lo que marca la diferencia. El dividendo de los bancos es puro y duro que repercute en sus accionistas; las cajas, por el contrario, tienen otro dividendo, que es social. En Cantabria, por ejemplo, la responsabilidad de la situación de una empresa como Sniace correspondería a Banesto que históricamente controló un gran paquete de acciones y que nombraba los gestores y los consejos de administración; sin embargo, en su agonía no ha sido un banco sino la caja la entidad que ha acudido en su auxilio en una fórmula de cooperación con el poder político.

El Banco de España, por estrictas razones de supervisión financiera, no entra a evaluar la oportunidad de estas apuestas de las cajas y convierte en riesgo dudoso créditos que tienden a salvar una situación empresarial determinada que es asumida como "cuestión regional" que al exigir un periodo de maduración largo no es apeticible desde un punto de vista - para entendernos bien - bancario tradicional. Y una caja no es un banco y tiene que seguir siendo caja. Aunque la supervisión del Banco de España garantiza la libertad tanto en los aciertos como en los errores, en estas circustancias especiales las cajas autolimitan su propia autonomía de servicio al territorio en el que operan al verse frenados, vía recomendaciones, actuar en un compromiso que han adquirido a través de años de historia y experiencia, gracias precisamente a su solvencia. No está de más que el banco emisor esté vigilante - esa es su función esencial - pero no debiera coartarse la vocación regional de las cajas.

Desde una caja con vocación territorial la apuesta por una industria a reflotar en colaboración con las instituciones públicas y que en términos económicos no suponga un gran riesgo, es posible y más que un gesto cuando, como en el caso que nos ocupa, Caja Cantabria ha incrementado sus reservas un cincuenta por ciento en tan solo cuatro años, además de llevar a su obra social varios miles de millones de pesetas. Sin embargo, no es una sorpresa que aprovechándose de la frialdad de las observaciones del Banco de España aparezcan terceros en un escenario con fuertes intereses y desleales intenciones y de una simple observación del Banco de España se aspire a cuestionar la solvencia de la entidad.

Cantabria, como otras comunidades autónomas con una caja de ahorros asentada y solvente, presenta un distribución del crédito más equilibrada que la media nacional y por encima de los niveles de la Unión Europea, gracias a su actuación específica como caja con vocación regional. Una vocación que, sin embargo, no deberá perder como referencia irrenunciable la rentabilidad de los recursos para asegurar la solvencia y que, en ningún caso, las decisiones sobre inversión puedan poner en peligro la estabilidad. En definitiva, la vocación regional de las cajas solo es posible si la entidad garantiza unos beneficios suficientes, lejos de cualquier aventura.