GREGORIO LASAGA LARRETA, HISTORIADOR, ESCRITOR Y GANADERO |
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Hace
cien años que falleció en su casa de Pando, en la que se había recluido para huir de las amenazas de un anónimo, el erudito
don Gregorio Lasaga Larreta. Y no hace más allá de cuatro meses que murió su biógrafo, el historiador local don Pablo del Río
Gatoo, a quién he evocado en otros artículos por su recuerdo imborrable de pasión y sensibilidad por todo lo que significaba
pasado torrelaveguense. Hace un par de años, don Pablo me distinguió con varios recuerdos de su actividad en torno a la figura
de Lasaga Larreta: su libro editado hace medio siglo y del que se acaba de realizar una reimprensión gracias al grupo Quercus y
a la Obra Social de Caja Cantabria y una copia de la cédula personal del erudito, a falta de recuerdos fotográficos del sabio de
Viérnoles. Ha sido de mi interés tomar notas sobre lo que escribió Del Río sobre Lasaga y condensarlo en este artículo que
firmamos conjuntamente, pues estoy seguro de su autorización.
Es posible que el que esto lea tenga conocimiento de que la calle Lasaga Larreta fue abierta en los primeros años de la década de los cincuenta, y que la misma arranca de la avenida de Menéndez Pelayo, cruzando la carretera de Oviedo, para llegar hasta el colegio de Cervantes. Vinculado a esta vía ha de figurar un recuerdo al doctor Rafael Gutiérrez Velarde, quien en su mandato demostró una gran sensibilidad sobre lo cultural. Mucho tienen que agradecer Torrelavega y Cantabria entera Lasaga Larreta, nacido en Viérnoles en 1839, en una de las casas del barrio de Riorriba, que se yerguen en el regazo del monte Dobra, entre las callejas empinadas y praderías, envueltas en los aromas de los vecinos bosques de eucaliptos. Tras seis anos de estudios en el Colegio de los Escolapios de Villacarriedo, y de una permanencia corta en el Seminario Conciliar de Toledo, muy joven aún, se trasladó a Cádiz, donde sus familiares poseían un restaurante muy conocido. En esta ciudad andaluza tendrían lugar sus primicias literarias, que dio a la imprenta en 1865, cuando contaba veintiséis anos de edad. Fueron éstas reunidas en el volumen ¨Compilación historica, biográfica y marítimas de la provincia de Santander¨, en el que se ponen de relieve las excelentes dotes investigadoras del autor. Y además tiene el mérito de ser el primer trabajo ambicioso que ve la luz sobre esta clase de estudios. Pues conocido es que hasta 1867 Manuel de Assas no publica la ¨Crónica de la provincia de Santander¨, y que a la zaga de estos libros se alinearon, en 1871, ¨Costas y montañas¨, de Amós de Escalante en 1986, ¨Noticia histórica de las behetrías¨, de Angel de los Ríos, y en 1891, ¨Santander¨, que forma parte de la colección con el título ¨España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia¨, escribió Rodrigo Amador de los Ríos. Se produce un intervalo de una veintena de años sin que Lasaga Larreta diera a conocer los nuevos frutos de sus investigaciones. Su vida transcurre en aquellas calendas, dentro de la placidez aldeana de Viérnoles, acompañado de su esposa Alejandra Gutiérrez Horma. Es cuando da a la imprenta otras dos obras muy estimables ¨Dos memorias. Cuadros históricos y de costumbres antiguas de la provincia de Santander¨ y ¨Monografía de Santa María de Yermo o un libro montañes¨ Sintiendo la llamada del periodismo, colabora con algunos trabajos en ¨El Impulsor¨, ¨El Medio Bólido¨, ¨La Montaña¨, ¨El Fomento¨ y ¨El Dobra¨, todos ellos de Torrelavega. Asimismo, envía otros artículos al diario ¨El Cantábrico¨, de Santander. Esta producción, y su ¨Memoria sobre el origen de los pasiegos¨, motivaron el nombramiento de Correspondiente de la Real Academia de la Historia, en el cual tuvo alguna acción don Marcelino Menéndez Pelayo, amigo y simpatizando de la obra del hidalgo de Viérnoles. Afirmamos esto porque en noviembre de 1898 el Boletín de la Real Academia de la Historia daba el nombramiento de ocho Correspondientes, entre los que figuraba Lasaga. Y en una carta que éste dirige al sabio polígrafo santanderino, fechada en Viérnoles el 23 de julio de 1899, se dice ¨Muy señor mío y de mi consideración más distinguida Aprovechando la oportunidad de pasar por esa mi sobrino Ramón Velarde, dirijo a usted la presente para manifestarle mi agradecimiento por la parte tan activa que se sirvió tomar en mi inmerecido e inesperado cargo de Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia.¨ Era nuestro paisano tan laborioso en los estudios históricos como afable y modesto en su particular trato, que le proporcionó la simpatía y el afecto de las gentes. No era persona que ambicionara cargos ni honores. Como una aureola más de su sencillez, recordaremos que en una ocasión le encomendó el Gobierno algunas clasificaciones del tesoro bibliográfico que contiene el Monasterio de El Escorial. Por la meritoria labora realizada se le quiso premiar con una condecoración, lo cual declinó, alegando sentirse suficientemente compensado con haber podido manejar aquellos libros y documentos que tantos preciosos datos le habían proporcionado. En un viaje que realizó a Suiza adquirió un semental y algunas vacas de raza, pues en cuestión de ganadería era de una extraordinaria competencia. Así, en 1885 presentó en la Exposición de Ganados, que se celebró en Santander, uno de los mejores ejemplares de toro que quizá se habían criado en Cantabria el popular ¨Mingo Revulvo¨. Sin embargo, recibió un desaire del jurado, quien adjudicó al hermoso animal un premio secundario. Dolido por ello escribió varios artículos técnicos en el semanario ¨El Impulsor¨, demostrando la incompetencia de las personas que juzgaron. Tuvo Lasaga una reunión muy comentada durante el acto del reparto de los premios, ya que colocó la roseta que le concedieron en el rabo de la res. A sus conocimientos y consejos debió su hermano político don Emilio Talledo, el poseer la célebre ¨Juana¨, vaca lechera que señaló una época en la provincia ¡ochenta cuartillos de leche diarios! Llegó a suministrar aquel fenómeno lácteo. Figuró Lasaga entre los cultivadores y propagadores del eucalipto, colaborando con entusiasmo en la campaña que inició el ilustre hidalgo don Marcelino Sanz de Sautuola hacia el año 1864, introduciendo esta especie arbórea mediante plantones de importación procedentes de Australia, que en estas tierras obtuvieron por aquellos años resultados sorprendentes, constituyendo hoy esa gran riqueza forestal extendida por la orografía cántabra. Quiero traer a colación aquellos días a caballo entre el pasado y presente siglo, en los que se tiraba esta ciudad, aparte de ¨El Impulsor¨, otro seminario ilustrado, con el título de ¨El Medio Bólido¨, que dirigía don José María Ortiz, médico de Cartes, autor del opúsculo "La hidroterapia en la montaña" Torrelavega 1909). En el número correspondiente al 11 de diciembre de 1898, trata Ortiz de envolver al de Viérnoles en la política municipal, publicando un breve artículo, del que transcribimos algunos párrafos que pueden darnos una idea de la atmósfera que le rodeaba. "A nadie se le habrá ocurrido, en tiempos de componenda electoral, por ejemplo, al ponerse de acuerdo los principales directores del tinglado municipal, para renovar este Ayuntamiento y elegir prestigioso personal, pronunciar el nombre de don Gregorio Lasaga. Al día siguiente pudieran aparecer en Torrelavega carteles, en los cuales, plagiando los que aparecían colocados en Madrid cuando el nombramiento de aquellos improvisados ministros de la Revolución, se preguntarán ¿ quién es ese señor? En el pueblo de Viérnoles, mejor dicho, en finca cercana al mítico Dobra, rodeado de cerezos, castaños y eucaliptos, sin familia, amigos, ni servidumbre, transcurrió la vida tranquila de don Gregorio Lasaga. Mediaba el año 1902 cuando abandona su casa de Riorriba para trasladarse a la de su sobrina María Jesús Achútegui Lasada, casada con don Inocencio Revuelta Fernández, vecinos del barrio de Pando. Le mueve a ello, aparte de sentirse enfermo y sin compañía, el haber recibido un anónimo amenazador exigiéndole un depósito de dinero a la puerta de la iglesia de Viérnoles. El 15 de septiembre de aquel año fallece nuestro personaje cuando contaba la edad de sesenta y tres años. Aquel mismo año perdió también Cantabria al gran señor de las letras, don Amós de Escalante, de virtudes y aficiones parejas a las de Lasaga, y que, como éste, sintió intensamente la naturaleza y las emociones de su tierra. Su cadáver fue sepultado en el cementerio de Viérnoles, conforme expresó en su testamento otorgado el 4 de septiembre de 1901 ante el notario de Torrelavega, don José Sánchez de Robledo y Cos. En él manda, además, que se celebren por el bien y eterno descanso de su alma, las treinta misas llamadas de San Gregorio, y quinientas misas más que se celebrarán en la parroquia de Viérnoles, de las cuales cuatrocientas se aplicaran por el alma del testador y las cien restantes por las de sus padres y esposa. Esta, catorce años más joven que él, falleció en 1879, después de un año del matrimonio y a consecuencia del parto del primer hijo, que no pudo sobrevivir.) Quiere además que el día que se verifiquen sus honras fúnebres, se den a los pobres de solemnidad del pueblo, que asistan a ellas, dos libras de pan, y otras dos a cada una de las familias que los albaceas reputen vergonzantes. En Lasaga se encarnó la hidalguía del montañés prendado de su tierra, con sonidos antiguos, viejos y nobles caserones con escudos en las crujías, rica en acontecimientos memorables, tradiciones y leyendas. A su estudio se entregó con amor, regalándonos una prosa que aunque carece de lirismo pues su preocupación se centró en el dato y la referencia histórica ha sido y sigue siendo un arsenal valioso muy aprovechado por otros cronistas. Aunque no podamos catalogarle como un intelectual que diera especial esplendor a una época, sí ha de considerarse su obra con méritos suficientes para situarla en un lugar destacado de la espléndida galería de los autores cántabros. José Ramón SAIZ ALERTA 29/09/2002 |
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