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Pablo del Río, historiador de la ciudad |
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Comenzó a escribir en las
publicaciones El Defensor del In Su libro sobre Lasaga Larreta recupera protagonismo cuando se cumplen cien años de la muerte del escritor de Viérnoles. |
Los pueblos como las
personas van por la Historia con su paso lento o acelerado, sujetos a una
inexorable biología, merced a la cual, crecen, se transforman, se
ensanchan y robustecen hasta llegar a la plenitud de su vigor, que no es
estancamiento, sino cobro de impulsos para nuestras evoluciones. Si
tomamos a Torrelavega como ejemplo, tenemos que afirmar que a lo largo de
los últimos setenta años ha tenido en Pablo del Río Gatóo (1912) un
testigo de primera fila que ha sabido recoger, condensar y relatar los
latidos de su Historia con mayúsculas. Representó para mí
una gran satisfacción presentar hace unos días el homenaje a don Pablo
del Río enmarcado en la excelente iniciativa del grupo cultural y de
pensamiento Quercus, un reconocimiento público a cuatro historiadores que
sin duda merecido
–entiendo- se ha hecho esperar demasiado tiempo: Aurelio García
Cantalapiedra, Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo, José Izaguirre Cobo y
Pablo del Río Gatóo. Desde hace tiempo
siento respeto, admiración y afecto hacia la figura de don Pablo, como
también la sentí hacia su hermano, Pepín del Río, legendario director
de los garcilasos que tanto –y
bueno- representó en el folklore montañés y cántabro.
Ese conocimiento de la persona, de su hombría de bien, su carácter
afable e integrador y el detalle de todos sus trabajos en libros y artículos,
me permite trazar unos rasgos muy precisos sobre la personalidad de don
Pablo del Río, merecedor hace tiempo de un homenaje de la ciudad. Don Pablo del Río con
sus trabajos sobre el pasado de la ciudad, es memoria
histórica de Torrelavega,
testigo de un tiempo que se nos fue y cuyos protagonistas han ido
desapareciendo, quedando, sin embargo, este testigo de primera fila de
muchos acontecimientos torrelaveguenses, cuyos conocimientos y saberes le
proyectan como una auténtica hemeroteca del pasado de la ciudad. Sin
embargo, ha sufrido la ingratitud de cuántos han escrito sobre la ciudad
han obviado en muchas ocasiones la referencia obligada y ética a sus
trabajos de investigación, que merece no solo por ser de su autoría sino
por las muchas horas, de muy joven, que curioseaba y rastreaba en
bibliotecas y hemerotecas para buscar las huellas de una ciudad a la que
ama y sirve con orgullo. A profundizar en ese
alma, en el carácter y la identidad de este terruño torrelaveguense que
surge de los muros desaparecidos de la Casa de la Vega, ha dedicado toda
su vida don Pablo del Río. Un tesón y una pasión puestas al servicio de
la ciudad sin más gratitud de la sociedad a la que sirve que su
conciencia tranquila del deber cumplido gracias a sus amores y saberes por
su querida ciudad, a la que conoce su raíz, precisamente por que ha
contribuido a construirla. La firma de Pablo del Río se encuentra ligada a todos los movimientos culturales, artísticos y periodísticos de los últimos setenta años en busca de profundizar, más y más, en la historia e identidad de Torrelavega. Su vinculación a publicaciones torrelaveguenses como El Defensor del Inquilino (1928); Juventud (1931), Dobra (1953) o, a través de libros, como Torrelavega, apuntes de su historia (1951) y Torrelavega en su Historia (1986), además de la biografía sobre Gregorio Lasaga Larreta (1952), obra que cobra un especial protagonista al conmemorarse este año el centenario de la muerte del escritor costumbrista de Viérnoles. |
Con apenas veinte años,
Pablo del Río comienza sus colaboraciones en las publicaciones
torrelaveguenses en las que proyecta una inquietud liberal y social digna
de encomio. Son los momentos difíciles de la dictadura de Primo de Rivera
con las incertidumbres propias de un sistema político camino de su propio
colapso. En sus opiniones periodísticas, Del Río se muestra a favor de
la igualdad de la mujer, el voto a los veintiún años, la necesidad de
impulsar la instrucción de la sociedad; en consecuencia, unas
colaboraciones que sintonizaban con aspiraciones de libertad y justicia
social. En Juventud (1931) sus
artículos comparten página con los del doctor Enrique de Diego Madrazo,
Matilde de la Torre, Manuel Ruiz de Villa y otra firmas comprometidas con
el republicanismo. La aportación de Pablo
del Río a la historia de Torrelavega es inmensa. Sirva este dato que
conocemos muy pocos: si el 15 de agosto de 1943 publicó en el diario Alerta
un extenso artículo titulado El
solar de la Vega. Los Garcilasos, en el mismo medio y en los seis años
que van desde 1977 a 1983 publicó nada menos que 118 trabajos referidos a
la historia de la ciudad. También publico en 1971 una serie de tres artículos
dedicados al General Castañeda, un
torrelaveguense ilustre que recibieron el máximo galardón con motivo
del certámen de artículos de prensa con motivo de los festejos
patronales. Desde estas fechas, Pablo del Río pasó a ostentar el título
de Correspondiente de la Institución Cultural Cantabria, representando a
Torrelavega. Escritor y
conferenciante, Torrelavega ha sido referencia repetida y constante en
toda la vida intelectual y literaria de Pablo del Río. A Gregorio Lasaga
Larreta, que en su casa de Riorriba, de Viérnoles, elaboró sus mejores
obras, dedicó Del Río un trabajo biográfico dentro de una antología de
escritores y artistas montañeses dirigida por don
Ignacio Aguilera en los comienzos de la década de los cincuenta. Pero si fructífera fue
su labor periodística y de escritor, como importante hay que definir la
participación de Pablo del Río en todos los movimientos culturales de la
ciudad y, sobre todo, su vinculación a las bibliotecas Popular y de José
María de Pereda; en esta última realizó una entusiasta labor que
coincidió con la época dorada
en la que desfilaron por su tribuna literaria los personajes más
importantes del momento. Pero esto entraría en otro capítulo de las
aportaciones a la ciudad de Torrelavega de Pablo del Río Gatóo, memoria
histórica de casi un siglo torrelaveguense. ALERTA
15/05/2002
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