Pablo del Río, historiador de la ciudad

Comenzó a escribir en las publicaciones El Defensor del Inquilino (1928) y Juventud (1931), siendo uno de los animadores de las bibliotecas Popular y José María de Pereda. 

Su libro sobre Lasaga Larreta recupera protagonismo cuando se cumplen cien años de la muerte del escritor de Viérnoles.

Los pueblos como las personas van por la Historia con su paso lento o acelerado, sujetos a una inexorable biología, merced a la cual, crecen, se transforman, se ensanchan y robustecen hasta llegar a la plenitud de su vigor, que no es estancamiento, sino cobro de impulsos para nuestras evoluciones. Si tomamos a Torrelavega como ejemplo, tenemos que afirmar que a lo largo de los últimos setenta años ha tenido en Pablo del Río Gatóo (1912) un testigo de primera fila que ha sabido recoger, condensar y relatar los latidos de su Historia con mayúsculas. 

Representó para mí una gran satisfacción presentar hace unos días el homenaje a don Pablo del Río enmarcado en la excelente iniciativa del grupo cultural y de pensamiento Quercus, un reconocimiento público a cuatro historiadores que sin duda  merecido –entiendo- se ha hecho esperar demasiado tiempo: Aurelio García Cantalapiedra, Eduardo Cuevas Fernández-Regatillo, José Izaguirre Cobo y Pablo del Río Gatóo. 

Desde hace tiempo siento respeto, admiración y afecto hacia la figura de don Pablo, como también la sentí hacia su hermano, Pepín del Río, legendario director de los garcilasos que tanto –y bueno- representó en el folklore montañés y cántabro.  Ese conocimiento de la persona, de su hombría de bien, su carácter afable e integrador y el detalle de todos sus trabajos en libros y artículos, me permite trazar unos rasgos muy precisos sobre la personalidad de don Pablo del Río, merecedor hace tiempo de un homenaje de la ciudad. 

Don Pablo del Río con sus trabajos sobre el pasado de la ciudad, es memoria histórica de Torrelavega, testigo de un tiempo que se nos fue y cuyos protagonistas han ido desapareciendo, quedando, sin embargo, este testigo de primera fila de muchos acontecimientos torrelaveguenses, cuyos conocimientos y saberes le proyectan como una auténtica hemeroteca del pasado de la ciudad. Sin embargo, ha sufrido la ingratitud de cuántos han escrito sobre la ciudad han obviado en muchas ocasiones la referencia obligada y ética a sus trabajos de investigación, que merece no solo por ser de su autoría sino por las muchas horas, de muy joven, que curioseaba y rastreaba en bibliotecas y hemerotecas para buscar las huellas de una ciudad a la que ama y  sirve con orgullo. 

A profundizar en ese alma, en el carácter y la identidad de este terruño torrelaveguense que surge de los muros desaparecidos de la Casa de la Vega, ha dedicado toda su vida don Pablo del Río. Un tesón y una pasión puestas al servicio de la ciudad sin más gratitud de la sociedad a la que sirve que su conciencia tranquila del deber cumplido gracias a sus amores y saberes por su querida ciudad, a la que conoce su raíz, precisamente por que ha contribuido a construirla. 

La firma de Pablo del Río se encuentra ligada a todos los movimientos culturales, artísticos y periodísticos de los últimos setenta años en busca de profundizar, más y más, en la historia e identidad de Torrelavega. Su vinculación a publicaciones torrelaveguenses como El Defensor del Inquilino (1928); Juventud (1931), Dobra (1953) o, a través de libros, como Torrelavega, apuntes de su historia (1951) y Torrelavega en su Historia (1986), además de la biografía sobre Gregorio Lasaga Larreta (1952), obra que cobra un especial protagonista al conmemorarse este año el centenario de la muerte del escritor costumbrista de Viérnoles.

 

Con apenas veinte años, Pablo del Río comienza sus colaboraciones en las publicaciones torrelaveguenses en las que proyecta una inquietud liberal y social digna de encomio. Son los momentos difíciles de la dictadura de Primo de Rivera con las incertidumbres propias de un sistema político camino de su propio colapso. En sus opiniones periodísticas, Del Río se muestra a favor de la igualdad de la mujer, el voto a los veintiún años, la necesidad de impulsar la instrucción de la sociedad; en consecuencia, unas colaboraciones que sintonizaban con aspiraciones de libertad y justicia social. En Juventud (1931) sus artículos comparten página con los del doctor Enrique de Diego Madrazo, Matilde de la Torre, Manuel Ruiz de Villa y otra firmas comprometidas con el republicanismo. 

La aportación de Pablo del Río a la historia de Torrelavega es inmensa. Sirva este dato que conocemos muy pocos: si el 15 de agosto de 1943 publicó en el diario Alerta un extenso artículo titulado El solar de la Vega. Los Garcilasos, en el mismo medio y en los seis años que van desde 1977 a 1983 publicó nada menos que 118 trabajos referidos a la historia de la ciudad. También publico en 1971 una serie de tres artículos dedicados al General Castañeda, un torrelaveguense ilustre que recibieron el máximo galardón con motivo del certámen de artículos de prensa con motivo de los festejos patronales. Desde estas fechas, Pablo del Río pasó a ostentar el título de Correspondiente de la Institución Cultural Cantabria, representando a Torrelavega. 

Escritor y conferenciante, Torrelavega ha sido referencia repetida y constante en toda la vida intelectual y literaria de Pablo del Río. A Gregorio Lasaga Larreta, que en su casa de Riorriba, de Viérnoles, elaboró sus mejores obras, dedicó Del Río un trabajo biográfico dentro de una antología de  escritores y artistas montañeses dirigida por don  Ignacio Aguilera en los comienzos de la década de los cincuenta. 

Pero si fructífera fue su labor periodística y de escritor, como importante hay que definir la participación de Pablo del Río en todos los movimientos culturales de la ciudad y, sobre todo, su vinculación a las bibliotecas Popular y de José María de Pereda; en esta última realizó una entusiasta labor que coincidió con la época dorada en la que desfilaron por su tribuna literaria los personajes más importantes del momento. Pero esto entraría en otro capítulo de las aportaciones a la ciudad de Torrelavega de Pablo del Río Gatóo, memoria histórica de casi un siglo torrelaveguense.

 ALERTA 15/05/2002