RUIZ DE REBOLLEDO, PROMOTOR "OLVIDADO" DE LA TRAÍDA DE AGUAS.
El pueblo aportó en suscripción popular doce mil pesetas para levantarle un monumento del que, lamentablemente, no queda huella alguna salvo las fotografías de la época. Es necesario reparar este olvido a un gran torrelaveguense de Tanos.      En la historia de una ciudad y comunidad existen biografías que sobresalen por méritos propios. Es el caso del doctor don Adolfo Ruiz de Rebolledo que trabajó desde su puesto de concejal para que Torrelavega contara con una traída de aguas que permitiera combatir determinadas enfermedades contagiosas que se agravaban por una falta de higiene y salubridad en los hogares. El agua potable y que la población contara con suministro suficiente, fue una constante en el trabajo de Ruiz de Rebolledo, consciente como médico de la necesidad de combatir las enfermedades, como vamos a explicar.

Nacido en el pueblo de Tanos, don Adolfo Ruiz de Rebolledo pasa por ser el único torrelaveguense al que el pueblo sufragó un monumento que durante los primeros años estuvo ubicado en la avenida Menéndez y Pelayo, frente a la estación del ferrocarril de la costa; más tarde en el parque Barquín Agüero y, finalmente, su busto costeado por cientos de torrelaveguenses terminó en algún almacén municipal gracias a la desidia municipal de los años ochenta. Reiteradamente en los últimos diez años y a través de artículos, conferencias y comentarios sobre historia local, he reivindicado la necesidad de reparar este grave olvido y mantener el homenaje de la ciudad y de nuestros antepasados a este ilustre ciudadano.

A Ruiz de Rebolledo se le debe su gran trabajo y celo por dotar a Torrelavega a principios del siglo XX de una traída de agua potable, como se relata en el capítulo correspondiente. Pero destacó también por otros méritos cívicos, siempre puestos al servicio de Torrelavega y de sus intereses generales. Fue concejal de acción constante y a él se debe la plaza de La Llama, la creación de las grandes ferias de Santa Isabel y Santa María y el paseo de "Serafín Escalante", entonces carretera a Viérnoles, que pudo terminarse gracias a su intervención constante.

Relata la prensa -concretamente El Adalid de 20 de mayo de 1906- con motivo de su fallecimiento, que durante el cólera de 1885, ausente el doctor don José Ramón Argumosa, conocido por "el cubano" que ejercía la alcaldía y que había sido comisionado por la Diputación para estudiar en Valencia el procedimiento del doctor Ferrán, fue Ruiz de Rebolledo "quién dirigió la alcaldía para atender, con acierto, a cuantos las circunstancias exigían en momentos de tan amarga prueba". Su trabajo sin poner límites al mismo y la coordinación de las actuaciones municipales en aquellas circustancias tan adversas, generaron una corriente de gran simpatía hacia el doctor Ruiz de Rebolledo.

Dedicado ya entonces al estudio de las enfermedades de la vista, recorrió las mejores clínicas de París y Berlín para mejorar sus conocimientos, logrando dominar una especialidad que ejerció a su regreso a España. El Adalid en recuerdo del doctor Ruiz de Rebolledo afirma:
    "Amante del estudio y de la ciencia, no descansaba ni un día, pues hasta en las temporadas de verano operaba en el Asilo a los pobres; en su gabinete a los que no lo eran, lo mismo que en el sanatorio del doctor Madrazo, su amigo".
Su pueblo de Tanos era para él un paraíso y sus habitantes, como familia propia; y allí iba Rebolledo todas las tardes a pasear y a enseñarles algo nuevo siempre sobre agricultura y mucho del ramo de ganadería, quejándose informaba El Adalid de que no lograba lo que deseaba por estar las gentes muy apegadas a sus rancias ideas".

Sobre la participación de Ruiz de Rebolledo en el proyecto de traída de aguas, la publicación católica dirigida por don Ceferino Calderón afirmaba:
    "Su propósito de dotar de aguas abundantes a Torrelavega, germinaba en él muchos años há; y subió cien veces al Dobra, donde no faltan manantiales y los aforaba y analizaba sus aguas; hacia cálculos y emborronaba cuartillas, y no se cansaba, en fin. Más tarde varió de ruta y fue recorriendo las montañas de Cohicillos, haciendo las mismas operaciones que en las del Dobra antes, sacando, como consecuencia, que en calidad y en cantidad excedían éstas a las otras".
Cuando Ruiz de Rebolledo estuvo seguro del éxito, se encargó de ir convenciendo a los amigos de la utilidad del proyecto, facilitando los estudios preliminares de planos, memoria y presupuesto, defendiendo la decisión de concertar un empréstito. Finalmente logró la aprobación del proyecto y su financiación. Destaca El Adalid que "cuando regresó de la Corte a principios del verano de 1905 y vió llegar las aguas de Cohicillos al Zapatón, a pesar de que su salud era ya nada satisfactoria, "¡cuán grande fue su alegría, al ver coronados sus muchos esfuerzos! y allí, copa en mano, bebía agua, acaso veinte veces diarias".

Realizado el gran proyecto de traída de aguas, lo que significó una mejora trascendental para la salubridad pública, el pueblo de Torrelavega se movilizó y costeó un monumento con pequeñas aportaciones entre una y cinco pesetas. Ruiz de Rebolledo falleció en mayo de 1906, sin conocer la hermosa iniciativa de sus conciudadanos; hoy, sin embargo, maltratada por no quedar huella ni recuerdo alguno de aquél monumento que el pueblo de Torrelavega levantó en honor de unos de sus mejores ciudadanos, que El Impulsor recibió así:
    "Ya está colocado sobre su pedestal el busto del doctor don Adolfo Ruiz de Rebolledo, como testimonio de su iniciativa para surtir de abundante agua potable a Torrelavega, elemento de imponderable importancia para la higienización de esta ciudad".
Nada menos que 12.140,95 pesetas de la época aportaron los torrelaveguenses para dejar patente un agradecimiento que ha desaparecido de la faz de la ciudad. Y así, el recuerdo de don Adolfo Ruiz de Rebolledo ha quedado borrado de la conciencia ciudadana aún cuando sus desvelos y méritos fueron importantes; sin embargo, a falta de monumento tampoco calle alguna recuerda su memoria y virtudes cívicas.

Una vez más reiteramos la necesidad de honrar la memoria de este ilustre torrelaveguense que tanto favor hizo a la población desde su profesión de médico y de concejal del Ayuntamiento. No fue, como se ha indicado, un reconocimiento oficial que surgió de la Corporación; fue el homenaje más justificado de la historia local ya que la iniciativa partió de los vecinos con sus aportaciones económicas y, entendemos que no es posible admitir que por desidia, olvido o ignorancia, se pueda mantener por más tiempo esta injusticia.



ALERTA 12/10/2002

© José Ramón SAIZ - www.joseramonsaiz.com