"PREGÓN DE LA FIESTA DE "SAN ANDRÉS"


PREGÓN PRONUNCIADO EN LA VILLA CASTREÑA INVITADO POR EL AYUNTAMIENTO (CASTRO URDIALES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2001).
 

Señor Alcalde, castreñas y castreños:

Permitidme comenzar con esta evocación poética construida expresamente para este pregón, encargo de vuestro alcalde y Corporación municipal:

Besugos en la sartén,

pucheros con caracoles,

la fiesta de estos olores

en Castro, y en San Andrés

 

No ha habido fiesta de San Andrés que se presente tan prometedora de gozo como ésta que estamos a punto de iniciar.

¿Qué fiesta de pescadores que sepa a mar puede resultar indiferente a la alegría cuando en este puerto desembarca la trainera más vigorosa y audaz de los mares del Cantábrico?

Con la Marinera, Castro ha vivido este año fiestas de San Andrés todos los días de la semana. Y ahora que estamos en la víspera de vuestra fiesta de tanta solera y perdurabilidad en el tiempo, nos preparamos para concentrar todo el entusiasmo vivido tras la estela de esta embarcación, y divulgar la alegría de esa marea roja que tanto color y entusiasmo ha derrochado por los puertos de nuestro litoral.

Desde los tiempos remotos, los castreños actuaron frente al mar con una casta especial. Bogaron y bogaron mar adentro sin temer al horizonte de lo desconocido, y si a los pescadores se les ha de medir por sus trofeos, los de Castro se trajeron para portar en su escudo de armas nada más y nada menos que una ballena, que así lo recuerda esa redondilla:

Armas, escudo y señal,

castillo puente y Santa Ana,

naves, ballena y mar llana

son de Castro la leal

La ballena sigue presente en el escudo, y aunque cierto es que de vez en cuando se nos acerca a la costa algún ejemplar, negamos que ella fuera quien remolcara a la Marinera en los últimos metros de la champa de llegada en San Sebastián, como seguramente murmuran los de Orio para explicarse cómo es posible que haya embarcaciones con tanta pericia que dominen las olas a su antojo y a su conveniencia.

Pues a pesar de los incrédulos, aquí, en Castro, se halla la primera Bandera de la Concha y de la Liga Vasca del siglo XXI, para radiante felicidad de victoriosos brazos que durante estos días aprovecharán para abrirse a la diversión y al bullicio que requieren acontecimientos como los que aquí venimos a pregonar.

Hoy las banderas del remo evocan las conquistas de la Hermandad de las Cuatro Villas, como capturas medievales en alta mar donde los peces se quedaron pequeños para tanto vigor y osadía. Y esas banderas no están al Este de nuestra tierra, están aquí, en Cantabria, izadas en mástiles nobles, ganadas en buena lid y escoltadas por cuatro versos que han hecho de Castro lo que es:

Castro soy y Castro he sido,

asiento firme en montaña,

y a la corona de España

con lealtad siempre he servido

 

Una historia e identidad que viene de antiguo cuando aquí se estableció casi un siglo antes de J.C. en tiempos del emperador Vespasiano una colonia romana y se fundara el puerto de Flavióbriga o, cuando Alfonso VIII, en el siglo XII, os concedió el primer Fuero de las villas cántabras con privilegios importantes, en años en los que ya consta que los pescadores castreños salían a la caza de la ballena.

Desde esta historia milenaria y vuestra vieja identidad de pueblo, pedimos que Castro vea reconocidos sus derechos que si bien aceptamos que no puedan estar asentados en privilegios, sí al menos reciba el trato que se merece como población decisiva en nuestra identidad e integridad territorial. El sentido común y la responsabilidad cántabra aconsejan que miremos más a Castro, que nuestras instituciones tengan más sensibilidad con sus problemas y demandas, actuándose con responsable lealtad a su historia, su protagonismo actual y futuro.

En definitiva, Cantabria será más grande y pujante en la medida que aliente el progreso de esta esplendorosa ciudad, una de las más dinámicas de estos inicios del siglo XXI, con una reafirmación positiva de lo cántabro, que es también lo castreño, espíritu éste de carácter integrador, positivista, en el que tantos ciudadanos y familias encuentran su nueva ciudad, esta villa castreña abierta al mundo.

Salud y felicidad a todos los castreños, a todos los visitantes que han acudido a disfrutar de la alegría de esta villa. Que las fiestas de San Andrés acojan los momentos más placenteros, y más tarde los recuerdos más agradable de nuestra memoria.

¡Viva la Marinera!

¡Vivan los hombres y las mujeres de la mar!

¡Viva San Andrés!

¡Y viva Castro Urdiales!


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