Jesús de la Serna, maestro de periodistas

Impulsor de una generación de grandes periodistas, recibe mañana el premio "José Estrañi" tras una dilatada vida entregada al periodismo en los diarios Pueblo, Informaciones y El País.

Los medios de comunicación nacionales informaron hace unos meses de la jubilación de Jesús de la Serna y Gutiérrez Répide, hijo de Victor de la Serna y nieto de la escritora Concha Espina, vinculado en los últimos años y en distintos cometidos al equipo directivo de El País. Con tal motivo dediqué un artículo al brillante periodista al que me une un gran afecto y consideración a través de la figura hidalga y siempre añorada de su hermano, ya desaparecido, don Victor de la Serna.

Con estos antecedentes familiares, no es de extrañar que Jesús sintiera desde muy joven la vocación de periodista, profesión a la que ha dedicado casi medio siglo y de la que se ha alejado en el día a día con todos los honores y reconocimientos de sus compañeros. De la Serna pasó en su trayectoria profesional por los periódicos más importantes de la capital de España, desde el diario Pueblo en el que fue redactor-jefe, subdirector y director adjunto, hasta el también vespertino Informaciones, que dirigió brillantemente y, finalmente, El País. Una larga experiencia que permite afirmar que Jesús de la Serna creó escuela y que un buen número de grandes periodistas comenzaron su encuentro con la profesión bajo sus enseñanzas y directrices.

De Jesús de la Serna recuerdo especialmente su paso por Informaciones, aquél vespertino madrileño que representó en los comienzos de los años setenta una esperanza de aperturismo y, que día a día, hacía un periodismo de altura y audaz que no estaba reñido con la prudencia, pero que intentaba forzar al máximo el estrecho sendero de libertad informativa que permitía el anterior régimen. De la Serna consiguió que Informaciones lograra una gran influencia en sectores que ya mostraban su inquietud y aspiración por llevar a España hacia caminos modernizadores y europeistas. No era fácil competir, en aquellos años, con Pueblo, que contaba no solo con más medios económicos sino también con un director - Emilio Romero -, periodista que creo escuela y que gozaba de gran influencia en la España oficial de entonces, en su doble función de periodista y político del régimen.

El equipo de Jesús de la Serna - que contaba con el apoyo de su hermano Victor de la Serna como presidente del Consejo de Administración y del también cántabro, brillante escritor y poeta, Pedro Crespo de Lara -, logró un modelo de periódico que conectó con las inquietudes del mundo de la Universidad - en cuyo campus comenzaban a movilizarse energías en defensa de una ruptura política con el franquisimo - y de un segmento de opinión pública que, aunque minoritario, mostraba una gran sensibilidad e identificación con los cambios que se veían llegar en la década de los setenta. Aquél vespertino a una tinta, sin grandes alardes tipográficos, con rigor y equilibrio de contenidos y titulares, manifestaba la profesionalidad con la que era elaborado el vespertino de la calle San Roque que fue, igualmente, un ejemplo en suplementos entre los que recuerdo el de cultura que cerraba con sus "Cuadernos de la Romana" el escritor Torrente Ballester y, el económico, que se editaba en páginas amarillas y que durante algún tiempo coordinó Eduardo Barrenechea, un periodista que comenzó a percibir la trascendencia de la información económica y que -recuerdo- que tenía vinculaciones familiares con Cantabria. En los comienzos de los setenta le hice una entrevista para "Hoja del Lunes" que dirigía el recordado don Florencio de La Lama Bulnes y poco tiempo después yo llegué a Pueblo - que competía por las tardes en Madrid con Informaciones - pero reconozco que envidiaba el rigor y la seriedad de Informaciones.

No ocultó nunca Jesús de la Serna sus raíces cántabras, de las que siempre hizo gala y manifestación de orgullo como todos los De la Serna. Su influencia en los medios de comunicación para los que trabajó permitió que en ocasiones se conociera nuestra realidad, así como las carencias que durante décadas han estrangulado las posibilidades de un mayor desarrollo económico para la Comunidad cántabra. Ejerció de cántabro prestigiando a Cantabria y en su andadura nunca buscó honores sino cumplir con su deber y honrar la memoria de su padre, el gran Victor de la Serna, del que recogió el testigo de Informaciones que compartió con su hermano Victor, un cántabro que rebosaba humanidad y que falleció en 1983 tras ostentar el honroso título de Senador Real en la legislatura constituyente.

Este fin de semana, al maestro Jesús De la Serna recibe el título "José Estrañi" concedido por la Asociación de la Prensa. Es, sin duda, un galardón merecido que, además, lleva el nombre del gran periodista liberal, de origen albaceteño pero que abrazó con amor a Cantabria, don José Estrañi, que dirigió El Cantábrico, la aventura periodística que encabezó con los hermanos Rodriguez-Parets, desde 1895 hasta su muerte en 1919.Un honroso título que debiera significar el comienzo de una serie de reconocimientos que merece con creces Jesús de la Serna.

Cantabria debe recompensar esfuerzos y premiar a quienes la han servido fuera de sus fronteras con pasión y devoción. El Gobierno de Cantabria, que tiene a su alcance un reglamento de Honores y Distinciones, tiene una deuda con muchos periodistas que ejercieron constructivamente en favor de su tierra natal y el ejemplo más brillante lo encontramos actualmente en Jesús de la Serna y Gutierrez Répide, quién hasta hace pocos meses, también desde su prestigio y magisterio, ostentó la presidencia en activo de todos los periodistas españoles.

 

(ALERTA 25.01.2001)