LOS VIEJOS CONFLICTOS TORRELAVEGA-SANTANDER
Hay que reconocer que el nivel de controversia se ha reducido al mínimo y que salvo en confrontaciones deportivas, no existe disputa o rivalidad alguna de intereses entre las dos ciudades más importantes de la comunidad cántabra.
A raíz de mi artículo "Torrelavega, ¡qué huérfana te dejan!" en el que planteaba la necesidad de defender con pasión y constancia cualquier interés general, por mínimo que fuera, de la ciudad, algunos ciudadanos me han requerido más información respecto a situaciones planteadas en la prensa local del siglo XIX cuando determinados intereses positivos de Torrelavega eran boicoteados por fuerzas ajenas, en muchas ocasiones por la clase dirigente de la capital, Santander. Con mucho gusto atiendo la petición, sin que sea mi propósito abrir polémicas o reivindicar la vieja antítesis entre Santander y Torrelavega y, viceversa; se trata, sencillamente, de acudir a la historia y reflejar hechos que están constatados en la prensa torrelaveguense del pasado siglo; una prensa muy plural en sus diversas tendencias ideológicas pero que, sin embargo, unían criterios y posiciones en defensa de los intereses locales.
La ciudadanía, autoridades municipales y la prensa local, han mostrado a través de los tiempos una cierta reticencia por el protagonismo y la fuerza de intereses de Santander y todo lo que significaban en relación a los mismos legítimos intereses de Torrelavega. Las publicaciones locales se hicieron eco, en ocasiones, de los intentos de Santander-ciudad (entiéndase políticos instalados en la capital cántabra) por evitar que determinadas decisiones oficiales favorecieran a Torrelavega, protestando enérgicamente y llamando a la acción. Veamos, entre otros, dos ejemplos, ocurridos en el siglo XIX.
En 1886 Torrelavega aspiraba a que se estableciera en la villa la cárcel provincial. Se aportaron los terrenos necesarios y cuando todo parecía estar a favor de esta decisión, se niega el derecho a la villa torrelaveguense, lo que provoca esta singular reacción en la publicación local El Escajo, que parte del hecho de que Santander renunciara a competir con Bilbao, Vigo o San Sebastián y, sin embargo, intentase quitar a Torrelavega lo que a juicio de los torrelaveguenses, la pertenecía. Así lo expresaba El Escajo en su número del 22 de junio de 1886:
"...No se crea por esto que Santander no lucha; lucha con exagerada energía contra Torrelavega.¡Que enemigo más poderoso y dañino! ¡Que nobleza la de esta batalla!.¡Que victoria tan gloriosa! Decídese por quién corresponda que se establezca en Torrelavega la cárcel de provincia y la Diputación provincial creyendo que es atentatorio a los intereses de la capital, resuelve de una manera oculta y solapada, que el arquitecto de la Corporación haga un misterioso viaje a esta villa, vea por fórmula la cárcel de partido e emita un dictamen sobre las condiciones de solidez, seguridad y capacidad que reuniere..
...Trátase, para terminar, de arrebatar a Torrelavega un derecho. ¿Por qué razón?. En vez de trabajar para que Santander consiga por medios legales la importancia a que sus condiciones le dan derecho, debéis de conspirar para arrebatar a los pueblos los pequeños beneficios que puedan corresponderles...."
El Escajo y El Impulsor cerraron filas en favor de los intereses de la villa; sin embargo, las presiones y las gestiones de la Corporación fueron inútiles, así como "las desinteresadas y patrióticas ofértas del vecindario que por medio de una suscripción se comprometió a facilitar a Diputación los fondos necesarios para la habilitación de esta cárcel o la adquisición de un nuevo local que reuniera las condiciones necesarias para dicho objeto". Como las negociaciones no dieran el resultado buscado, el nuevo editorial con el título "¡Lo Esperábamos!", se cierra con esta frase que recogemos de El Escajo en su número del 11 de noviembre de 1886:
"¡Pobre Torrelavega!. Cuán huérfana y desvalida te encuentras!".
Otro caso ocurrió cuando se intentó que el trazado Bilbao a Oviedo por ferrocarril se redujera notablemente - se aspiraba a que no durara más de ocho horas -, objetivo que consistía en construir una vía que uniera directamente Villaverde de Pontones a la villa de Torrelavega y, de esta manera, acortar un trazado de veinte kilómetros, suprimiéndose el trasbordo de Santander. Torrelavega justificaba el proyecto por la necesidad de impulsar las comunicaciones entre Asturias y el País Vasco, lo que convertiría a Torrelavega en un importante eje ferroviario, según expresaba en sus columnas El Liberal Montañés en su número del 3 de agosto de 1897, documento que me facilitó hace años don Cándido Román Fernández.
Esta publicación dirigida por Florencio Ceruti - que años más tarde asumiría la alcaldía de la ciudad - se curaba en salud anticipadamente, afirmando que "nosotros no queremos prosperar a costa de la capital de la provincia, con la que tan estrechas relaciones tenemos; todo lo contrario". Recordaba que si se llevase adelante el proyecto "lo hemos de considerar como una compensación al inmenso perjuicio que nos ocasionó la variación del trazado del ferrocarril de Alar a Santander que nos llevó la estación a tres kilómetros del pueblo". Y añadía El Liberal Montañés:
"..Nosotros hemos sufrido un daño injusto e inmenso durante muchos años y creemos que nos sea permitido este desahogo, si es que a los pequeños les está permitido hablar".
El resultado fue igualmente negativo para los intereses de Torrelavega ya que en la capital cántabra las energías locales se movilizaron y nuevamente se perjudicó un proyecto que beneficiaba a la villa, lo que también ocurrió años más tarde cuando la empresa ferroviaria decidió centralizar en Torrelavega sus garajes y el ambicioso proyecto, generador de puestos de trabajo, también fue abortado desde Santander.
Hay más ejemplos de las disputas entre Torrelavega y Santander. He elegido estos dos por representar parte de ese capítulo de los "encontronazos" entre las dos ciudades, insisto, sin ánimo de vincularlos a situaciones cercanas o presentes, sirviendo así la petición de algunos lectores. Hay que reconocer que el nivel de conflicto entre Santander y Torrelavega se ha reducido al mínimo y que salvo en confrontaciones deportivas - ya menos, desde aquella pancarta que recordarán los más viejos del lugar de "la ciudad de Torrelavega saluda al pueblo de Santander" - no existe controversia alguna a nivel de intereses entre las dos ciudades más importantes de la comunidad cántabra. Son, desde luego, otros tiempos aunque entendamos beneficiosa la sana y positiva rivalidad.
(ALERTA 30.9.2000)