| Discurso en el
Ateneo sobre la canonización del Cardenal Herrera Oria.
Señoras y Señores, Queridos amigas y amigos: Sean mis primeras palabras de felicitación para la Comisión Pro-Canonización del Cardenal Herrera Oria por sus trabajos, guiados desde su profunda fe en ese gran hombre que fue Herrera Oria y desde el agradecimiento, especialmente, a su gran labor social en una época, debemos recordar, de dificultades y adversidades para España. La sociedad de Cantabria puede sentirse orgullosa de haber contado entre los suyos con un hombre de sus características, una biografía apasionante que siempre estuvo guiada por una profunda espiritualidad. Es un honor para mi esta oportunidad que me brindan para hablarles de don Angel Herrera Oria en su proyección de periodista y promotor del gran impulso que en los primeros años del presente siglo recibió la prensa católica gracias a la Asociación Nacional de Propagandistas y posterior la fundación de El Debate, diario que dirigió desde su primer número en 1911 hasta 1933. En esta introducción quiero recordar, con palabras emocionadas y sentidas, a uno de mis maestros en el periodismo, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información don Pedro Orive Riva, de la que fue Decano en sus comienzos, quién a los muchos títulos y pasiones que demostró en vida hasta que falleció en octubre del pasado año, destacó su identidad total, sin reserva alguna, con el ejercicio de la profesión periodística y el protagonismo social del Cardenal Herrera Oria, ya que fue uno de los muchos cántabros que lograron promocionarse gracias a una de las muchas iniciativas puestas en marcha por nuestro Cardenal. Hace dos años don Pedro Orive pronunció una conferencia en la iglesia de Santa Lucía en la que destacó esa proyección social y periodística de una de las biografías más apasionantes de la Iglesia española del presente siglo y, sin duda, uno de los cántabros más relevantes de este siglo en tres facetas de extraordinaria trascendencia: la periodística, la social y la de hombre de Iglesia que aunque iniciada muy tarde, sin embargo, por sus dotes y su pasado, le elevaron al título de Cardenal de la Iglesia Católica por el Papa Montini. A nosotros, en la conferencia de hoy, nos corresponde analizar la faceta de periodista y su significado en el conjunto de la prensa de España y en el contexto social y política en el que desarrolló esa labor. Quisiera, previamente, reseñar un poco de historia sobre la prensa católica de Cantabria, que tuvo en La Atalaya, fundado en 1893, el medio más representativo. El Obispo Sánchez de Castro, con la colaboración del impresor Lorenzo Blanchard, hicieron posibles con otras energías locales, este primer gran diario católico, que nació bajo el signo de católico-tradicionalista y cuyo primer director fue el sacerdote Eduardo Aja Pellón. Por su redacción pasaron importantes periodistas y escritores, entre los que destacaría a José del Río Sainz, Pick; los hermanos Segura, los poetas Alejandro Nieto y Jesús Cancio; Eusebio Sierra, que fue director y que logró atraer a escritores como José María Aguirre y Escalante, Concha Espina, José María de Cossío y otros muy significativos de nuestra tierra. En 1902 La Atalaya afrontó un proceso de escisión en su redacción y apareció El Diario Montañés, que defendió como periódico católico tesis más radicales que La Atalaya. Al tiempo que La Atalaya se proyectaba como gran diario católico de La Montaña; en Torrelavega surgía la primera publicación católica, El Medio Bólido, bajo la inspiración del escritor y médico José María Ortiz Obregón, quién intentó sin éxito que Torrelavega contara con un diario católico, objetivo al que se refirió afirmando que "si nuestro enemigo es el Liberalismo, el de nuestros contrarios es el Clericalismo" para dirigirse con firmeza a las bases católicas, afirmando: "Surgid, pues, católicos montañeses, demos el toque de alarma para que elijan campo los retraidos, neutros y apocados.." y asumir "si es preciso, mártires". Añadiendo Ortiz Obregón en su manifiesto que: "la gente revolucionaria y anticlerical se agrupa y cuenta, manifestando con grandes alaridos, impaciente deseo de batallar para contrarrestar su influencia, se necesitan templadas armas, y ninguna como la prensa, pero constante, diaria y decidida". Esta prensa católica militante como El Medio Bólido, cuando desapareció en 1899, no dejó de reafirmar su testamento de prensa católica combativa: "..queremos terminar nuestros últimos y desaliñados renglones para el público con otros que vivamente anhelamos tener en el pensamiento al exhaltar el postrer suspiro: ¡Viva el Reinado Social de Jesucristo¡ ¡Viva el Papa Rey¡ ¡Viva el Integrismo¡ A la experiencia de El Medio Bólido, en 1898, siguió pocos años después, en 1906, un importante semanario católico, El Adalid, fomentado por el párroco don Ceferino Calderón y el Círculo Católico de Obreros. Cuando El Adalid era el semanario católico más importante de Cantabria, concretamente a partir de 1906, se produce una visita a Torrelavega de Angel Herrera Oria, entonces joven abogado del Estado con destino en Burgos, para asistir a un mitin celebrado en el Círculo Católico de Obreros. Era el 17 de julio de 1909. Era un tiempo en el que se dejaba ver en el pensamiento de Herrera Oria una línea combativa, disconforme con la aceptación de hechos sin dar respuesta argumental. En esta intervención, en el contexto de un mitin electoral en favor de las candidaturas católicas, señaló "el triste hecho de que los católicos españoles, a pesar de su abnegación y voluntad, avancen tan poco en el camino del triunfo", afirmación ésta que a juicio del joven propagandista católico se debía a lo siguiente: "..A la falta de experiencia en las lides sociales y políticas y, muy principalmente, a la cobardía de muchos que llenando los templos diariamente, rindiendo en su casa ferviente culto a sus creencias, huyen del campo de combate, de la brecha abierta por el enemigo, desde la que a veces se les contempla con dolor en el campo de enfrente, postrados ante la diosa Razón o ante el dios Estado. Para éstos la verdadera religión es la política; su pontífice, el jefe,; su credo, el programa del partido". El joven letrado Ángel Herrera Oria en su discurso que impactó a los católicos torrelaveguenses insistió en la necesidad de "luchar y organizarse", señalando que "la acción destructora del liberalismo ha sido inmensa" para culminar su intervención con esta llamada a las conciencias: "..Organizarse no es reunirse; no es hablar ni aplaudir, sino algo más lento, más difícil, más penoso. Hace falta para esta lucha mucho más valor que para ser uno de aquellos paladines de nuestra gran Reconquista cristiana, porque las dificultades son aún mayores y el sacrificio largo y doloroso". Cuando se pronunció en estos términos el abogado del Estado, Ángel Herrera Oria, estaba germinándose la idea de crear un gran diario católico a través de la Asociación Nacional de Jóvenes Propagandistas Católicos; es decir, se trataba de cumplir lo que venía exigiendo Herrera en cuanto a superar la pasividad de no hacer nada a la acción, creando los mecanismos periodísticos para dar respuesta a los ataques y descalificaciones de la prensa liberal. Este movimiento periodístico pro-católico que se va configurando en España, formaba parte del que existía a nivel europeo bajo el título de "Buena Prensa", que apareció en París en 1873 al establecer los agustinos "La Misión de la Buena Prensa". A pesar del precedente de San Francisco de Sales, patrono, por cierto, de los periodistas, que vió la importancia de la prensa y la utilizó en sus controversias contra los protestantes en Ginebra, la actitud papal en en siglo XIX fue de repulsa generalizada hacia la prensa liberal, estrategia que se modifica con la llegada al pontificado de León XII quién exhortó a las grandes cruzadas de la inteligencia y del saber: había que oponer periódicos de alta calidad y católicos, frente a los del adversario. España contó con una figura de primer orden en el periodismo católico, Jaime Balnes, y los Congresos Católicos de la Restauración fueron tratando las cuestiones de la prensa hasta que se formalizó el primer gran diario católico, El Movimiento Católico, en 1888, que desapareció muy pronto al fracasar. Otros diarios católicos aparecieron en otras provincias: El Correo de Andalucía; el Universo de Madrid; La Gaceta del Norte o La Atalaya de Santander. Sin embargo, el modelo de prensa católica era disperso y sin figuras de gran relieve que aglutinase a nivel estatal este movimiento. Era, además, radical e integrista, probablemente por la descalificación que la Iglesia Católica y sus doctrinas recibía de la prensa liberal más extrema. Se podría afirmar que Herrera Oria transformó en clave positiva la estrategia existente en los sectores católicos más influyentes que consistía en impedir las ideas anticatólicas a través de medidas impopulares, como la condena pública de los periódicos por los obispos, entre otras. Es cierto que estas actitudes las vemos con perspectiva de hoy y podemos ser injustos en su análisis, pero lo cierto es que la idea de Herrera Oria fue otra: impulsar una gran prensa católica para defender las ideas en el mismo terreno de los medios de comunicación escritos y esta estrategia dió sus buenos resultados si tenemos en cuenta - tal y como narran en su libro Sánchez Arnada y Barrera sobre la Historia del Periodismo español - que de los 2.289 periódicos españoles en 1920, un total de 1006 eran considerados católicos, de los que 70 eran diarios, 230 semanarios, 145 decenales o quincenales y 336 de menor periodicidad. Consecuentemente, la influencia de Herrera Oria aportó vigor a la Iglesia Católica y a los católicos en un campo en el que estaban en franca desventaja, aportando a la campaña de la llamada "Buena Prensa" varios aspectos positivos que hicieron posible a las organizaciones católicas competir en este campo: - La importancia concedida a la actividad informativa, hasta entonces negada o no valorada suficientemente, ya que el rechazo se quedaba simplemente en las condenas por los Obispos de diversos diarios liberales o de izquierdas. En Cantabria, por ejemplo, se concretó en las condenas de La Montaña y El Cantábrico. - La llamada de atención acerca de los efectos que la prensa producía. - La toma de conciencia del papel que debía desempeñar el público. Y, - La necesidad de atender a la formación de los profesionales del periodismo y los deseos de dignificar la tarea informativa, objetivo éste perseguido y anhelado por Herrera Oria. En todos estos factores de vital trascendencia se ve, con más o menos fuerza, mayor o menor protagonismo, la inteligencia de Herrera Oria, quién comprendió y alentó la unidad de esfuerzos en el desarrollo de una estrategia idónea para que la prensa católica triunfara y lograra sus objetivos. Sin embargo, para estos grandes empeños, se precisa de figuras excepcionales, personas de relieve y personalidad. Esa persona, sin duda, fue el cardenal Herrera Oria. Así llegó el momento de Angel Herrera Oria, entonces joven Abogado del Estado, que va a crear, primero, un movimiento asociativo católico importante y, más tarde, hacer escuela, fundando El Debate, lo que finalmente generó el revulsivo que precisaban los católicos. Esa cuenta atrás hacia el gran papel a jugar por Herrera Oria comienza en 1908 al aglutinarse muchas inquietudes e ilusiones en torno a la Asociación Católica Nacional de Jóvenes Propagandistas al que se encomienda su presidencia. Fue después del Congreso Eucarístico Internacional, en junio de 1911, cuando estos jóvenes propagandistas concibieron la idea de crear un periódico católico en Madrid, adquiriéndose la cabecera de El Debate, que había promovido en Obispo de Jaca en 1910 y, en 1911 se constituyó la nueva empresa editora con un capital de cien mil pesetas, aportadas a partes iguales por la empresa editora de La Gaceta del Norte y la Asociación Nacional de Propagandistas. Surgió así la Editorial Católica, propietaria de El Debate. Su ideario fue el de la Asociación Nacional de Propagandistas, que buscaba la unión de los católicos como primer objetivo que en 1913 recibió un golpe bajo con la excisión en el maurismo. La fuerza de la personalidad de Herrera Oria logró que muy pronto se superaran los desánimos y los Propagandistas con el aliento de El Debate se entregaron a crear un nuevo partido político, que sustituyera al conservador. Por influencia de Herrera Oria se quería un partido de amplia base, moderno, plenamente integrado en las formas políticas del momento que existían en Europa. Por tanto, la influencia de don Angel en esta etapa se concretó en centrar a la derecha, marcar distancias con el partido conservador y atraer a este proyecto a grupos cercanos para configurar un partido católico, abierto a los problemas regionales y sociales. Por ésto y mucho más, El Debate fue muchísimo más que aquello a lo que aspiraron los Jóvenes Propagandistas cuando debatieron la necesidad de crear un órgano de prensa católico en el que exponer sus opiniones y reflexiones. En otro orden de cosas, las líneas básicas en las que insistió El Debate fueron la defensa de la libertad de enseñanza, amenazada desde el Ministerio de Instrucción Pública, el fomento del sindicalismo agrario y la difusión del magisterio papal, mostrando clara sintonía con la figura política de Antonio Maura. Los editoriales de esta primera época correspondieron a la autoría del propio Herrera Oria y cuando no tenía tiempo, los inspiraba marcando la línea del periódico. José María García Escudero que ha escrito varios libros sobre Herrera Oria, considera que concibió la prensa como institución singularísima, única, medio de formar a la opinión y simultáneamente de expresarla, instrumento de diálogo entre el pueblo y los poderes públicos más perfecto en ocasiones que los partidos y el Parlamento. Desde estas ideas, Herrera Oria apostó también por un periodismo social. Debemos recordar que en la época de El Debate la prensa tenía no ya la primacía - que hoy ocupa la televisión - de la influencia sobre la masas de la opinión, sino el monopolio. La fundación de la Escuela de Periodismo de El Debate, primera de su género en España, que Herrera Oria llevó adelante, representó una apuesta por la gran función social que cumple la prensa y la necesidad de formar a sus protagonistas, los periodistas. Instalado don Ángel en la dirección de El Debate, a la que llegó sin experiencia periodística, el crecimiento del diario fue rápido. Sánchez Arnada y Carlos Barrera en su "Historia del Periodismo Español" señalan que en 1911 tenía 4.500 ejemplares de tirada; unos 30.000 al año siguiente y más de 40.000 en 1918. También el capital social fue creciendo, hasta un millón de pesetas en 1916 y seis millones en 1921. Sin duda, los años veinte significaron los tiempos del gran impulso para El Debate, cuya aportación a la prensa católica española puede sintetizarse en las siguientes: 1.- Apuesta por un modelo moderno de periodismo de empresa. Es decir, ya no se trataba de impulsar una publicación a través de la buena voluntad de un párroco o, incluso, de un Obispo. Se trataba de crear una auténtica empresa periodística que fuera viable. 2.- Potenciación de lo informativo por encima de lo ideológico, pues aunque la ideología y las doctrinas católicas era necesario impulsarlas y darlas a conocer, el público también buscaba información y, como se analiza en la historia del periodismo español, en el siglo XX comenzó a primar sobre lo ideológico todo aquello que tuviera contenido informativo. Por ejemplo, al gran público le podía interesar los pros y contras de la neutralidad en la I gran guerra, pero también le interesaba saber o conocer que ocurría en las trincheras de las batallas; por cierto, tema éste en el que brilló El Debate a través de uno de sus corresponsales de guerra, un militar que firmaba sus crónicas desde los frente con el seudónimo "Armando Guerra", que El Debate había logrado fichar entre los periodistas de la redacción de El Imparcial. 3.- Concrección de una cierta independencia política - repito, "cierta" independencia - lo que atrajo a católicos de variada tendencia y conseguir una movilización política como hasta entonces no se había alcanzado. En todos estos objetivos aportados y alcanzados, la figura esencial y representativa no fue otra que la de don Ángel. La presencia de Herrera Oria en la orientación del movimiento que inspiraba El Debate, fue decisiva e intensa, como correspondía a una personalidad que se sacrificaba por entero a sus ideales. En 1922 El Debate, bajo la inspiración de Herrera Oria impulsa la Gran Campaña Social, que culminaba la operación de formación de un grupo denominado Democracia Cristiana, promovido en 1918, que alentaba la proyección de un fuerte acento de presión social en el catolicismo español, fiel a la doctrina de la Iglesia, pero no confesional, que tuvo siempre enfrente a otra prensa liberal y de izquierda que veía en estas campañas nuevos intentos de clericalizar a España. El signo que en este tiempo aportó Herrera Oria a los sectores no liberales fue el de la modernidad, el "aggionarmento". Aspiró a reformar estos sectores que estaban instalados en "doctrinas" ya anticuadas e imprimió una velocidad a los cambios que llegaban de Roma. Un momento difícil para El Debate llegó cuando en 1923, con la crisis profunda de los partidos, llegó la Dictadura de Primo de Rivera. El Debate como órgano de la Asociación de Propagandistas fomentó la formación de las Uniones Patrióticas como posible recambio, que pretendían ser un movimiento de ciudadanía y no un partido político, pero que fracasó al asumirlo como propias por el dictador que intentó convertirlo en un partido político gubernamental. Quizás por esta intromisión de Primo de Rivera el periódico de Herrera Oria y de los católicos pasó de la aprobación de la dictadura a la oposición. Antes de llegar la dictadura, El Debate había pedido, a la vista de las crisis continuas, un gobierno nacional que pusiera orden a la situación, sin intervención de los militares. La llegada de Primo de Rivera mediante el golpe incruento del 23 de septiembre fue, por tanto, un mal menor, aceptando la nueva situación. Sin embargo, observando que los militares intentaban perpetuarse en el poder no dando paso a los Gobiernos de civiles, Herrera Oria orientó El Debate hacia una oposición suave, hasta que en 1925 pidió la retirada de Primo de Rivera, insistiendo con más fuerza a partir de 1928, año en el que la decadencia de la Dictadura se hizo más manifiesta. Don Ángel y sus colaboradores fueron conscientes que la cerrazón de Primo de Rivera impidió una salida natural hacia una fórmula política de carácter moderado y social, que propugnaba El Debate. No les faltó la razón ya que a una dictadura agotada y enquistada en los males que trató de solucionar y amparada por la Monarquía alfonsina, abrió el camino de la II República. Bartolomé Mostaza, un periodista que se formó en la escuela de El Debate, nos presenta una aproximación a Herrera Oria en el libro de García Escudero que resume su pesonalidad y su trabajo desde que se inició en la gran operación de crear un diario católico como El Debate: "La primera evidencia que se hace notar en la obra de Herrera es su línea de continuidad. Desde que surge, en la vida pública de España, el joven abogado y periodista Angel Herrera, se advierte que tiene en la cabeza un esquema sólido de principios. Discurre siempre atendiendo a unas coordenadas mentales, que ha tomado de la doctrina, bien dirigida de los pontífices. Pero está, siempre, también atento al desarrollo de los hechos. Angel Hererera se sabe en una circustancia española y mundial que le condiciona la conducta. A fuer de hombre bien fundado en condiciones, cumple la norma área que él da para el editorialista de un periódicio: interpretar el acontecer de cada día "a la luz de los principios". Creo que lo que afirma Mostaza es incontestable. Herrera Oria tenía principios sólidos; desarrollaba, a su vez, la doctrina de los pontífices y, finalmente, su pensamiento se abría en cada momento y circunstancia interpretando lo que sucedía y huyendo de actitudes inmovilistas. Pero siguiendo el relato de la historia, surge una pregunta ¿cuál fue el posicionamiento de El Debate dirigido por Herrera Oria tras la proclamación de la II República?. Comenzaremos afirmando que El Debate había hecho de la aceptación de la Monarquía liberal - reitero lo de Monarquía liberal - un punto esencial de su programa político, enfrentándose a sectores tradicionalistas del catolicismo español y así, conforme a su espíritu monárquico, en las elecciones del 12 de abril de 1931 apoyó las candidaturas monárquicas frente a las republicanas. Sin embargo, con el cambio del régimen, El Debate optó por la aceptación del nuevo sistema político y esta actitud tuvo una resonancia especial ya que con el ABC, claramente monárquico, era el periódico de mayor difusión. Herrera Oria, con esta decisión, aplicaba la doctrina de León XIII, el Papa al que admiró, que aconsejó el acatamiento de los poderes de hecho, basándose en la accidentalidad de las formas de gobierno y la distinción entre régimen y legislación. El abandono de las tesis monárquicas no fue muy comprendido por los sectores más radicales del catolicismo y los pro-monárquicos, que no perdonaron a El Debate y a su director, Herrera Oria, la nueva orientación; por otra parte, las nuevas autoridades recelaban de la sinceridad de los planteamientos de El Debate. Alguna razón tenían sus detractores, ya que el diario y su director no descansaron en encontrar fórmulas políticas para evitar el monopolio político y gubernamental de las izquierdas y los republicanos, propiciando en los comienzos de 1933 la creación de la CEDA, de la que fue líder Gil Robles, que desde mediados de los años veinte era subdirector del periódico. El éxito de la CEDA fue inmediato ya que en las elecciones de ese mismo año consiguió convertirse en el partido con la mayor representación parlamentaria. De nuevo El Debate era decisivo y detrás estaba clara la mano y la voluntad de Herrera Oria, que había logrado nada menos que el periódico, en aquellos tiempos, lanzara cinco ediciones diarias con una tirada superior a los 200.000 ejemplares, llegando a una difusión récord, a partir de la instalación de una nueva rotativa en 1933 y por determinados acontecimientos, a los 400.000 ejemplares. En esta etapa de la república los grandes periódicos españoles son, además de El Debate, ABC, El Sol, El Liberal, Heraldo de Madrid y La Vanguardia. Aunque algunos problemas que afectaban a España preocupaban a Herrera - sobre todo la actitud de las autoridades de la República en relación a la Iglesia Católica -, por otros motivos debió sentirse íntimamente satisfecho ya que con su obra tan entregada como sacrificada, recogía importantes frutos para la Iglesia Católica y los católicos, objetivo permanente y único de sus afanes. Para aquellas fechas se había creado la agencia de noticias Logos y, en estos primeros años de la República, nacían diarios católicos de provincias como Ideal, de Granada; Hoy, de Badajoz y el Ya, que aparecía como vespertino de Madrid, que fueron conformando lo que fue una importante cadena de diarios con el nombre de Editorial Cantabria. También se había puesto en marcha la Escuela de Periodismo para la formación de periodistas, aspecto éste que siempre había defendido con ahinco e ilusión Herrera Oria. Eran los meses anteriores a la salida de Angel Herrera de la dirección de El Debate después de encumbrar la publicación a su más alto nivel, lo que no fue fácil en estos primeros tiempos de la II República si tenemos en cuenta que El Debate en el primer bienio fue suspendido en tres ocasiones: en mayo de 1931 con la quema de conventos; en enero de 1932 al ser aprobado el Decreto de disolución de la Compañía de Jesús y en agosto del mismo año a causa del levantamiento monárquico. Las autoridades republicanas dictaron una ley de defensa del sistema que en la práctica significó un mecanismo para la represión de los periódicos que criticaban a los gobernantes. La ley de Defensa de la República dejó sentir casi todos los días su peso, el peso de la suspensión, en algún periódico o publicación, especialmente contra los medios del centro-derecha y derecha católica y de la izquierda radical. Herrera Oria, con otros directores, protestó por estas actuaciones contra la libertad de prensa, creándose la Liga Defensora de la Prensa, fundada en febrero de 1932 por más de cien directores de periódicos con el fin de acabar con las suspensiones. Añadiremos que sus resultados fueron infructuosos. Ya decimos que Herrera abandonó por decisión propia la dirección de El Debate cuando pensó que su misión había terminado, probablemente porque en su interioridad había tomado una decisión íntima que cumpliría dos años después: ingresar en un seminario y hacerse sacerdote. Y cuando esto ya acontecía y Herrera Oria se preparaba para iniciar su también fructífera labor sacerdotal, el 28 de marzo de 1939 El Debate editó una hoja suelta aspirando a su reaparición, pero al día siguiente fue definitivamente clausurado por las nuevas autoridades del régimen de Franco y, en concreto, por orden expresa de Serrano Suñer, con la excusa legal de que una empresa no podía tener dos diarios -El Debate y YA - en una misma ciudad. El nuevo régimen surgido de la guerra civil, en la práctica y en sus comienzos, actuó como el Frente Popular cuando para defender la República decidió expropiar la propiedad de los periódicos desafectos y procediendo a entregar El Debate al Partido Comunista que en sus talleres comenzó a editar El Mundo Obrero. Pasaron los tiempos y Herrera Oria, ya obispo de Málaga, no olvidando su pasión y compromiso con el periodismo pero consciente igualmente que el régimen autoritario no evolucionaba políticamente, mantuvo una polémica con el ministro de Información Arias Salgado, quién había defendido la bondad del sistema de censura previa, apelando a la doctrina de la Iglesia. Un mes después, en enero de 1955, Ángel Herrera Oria, Obispo de la Diócesis malagueña, escribió en el Boletín Oficial de la diócesis, que no estaba sometido a la censura oficial, que el régimen de prensa imperante no se acomodaba - como afirmaba el ministro - al ideal querido por la Iglesia. El ministro entró en el juego y recibió la respuesta de Herrera quién concretó su desacuerdo con la censura por el modo de practicarla, que daba lugar a arbitrariedades; las consignas políticas como principio, pues se oponían al derecho natural del director del periódico y de sus redactores y, a los artículos de la ley de 1938 sobre el nombramiento por el régimen político de los directores de los periódicos españoles. El ministro Arias Salgado prometió asumir esta doctrina, pero nunca la puso en práctica. Esta discrepancia de Herrera Oria como Obispo de la Iglesia Católica significó un poco de aire renovador que se colaba en el régimen para un campo, el de los diarios y el ejercicio del periodismo, en el que don Ángel era toda una autoridad. Llega el momento de finalizar estas reflexiones. Y lo hago confesando que guardo con especial interés en mi archivo, el número 180 de la Gaceta de la Prensa Española que en su portada nos presenta una foto del acto de la entrega al Cardenal del título de Presidente de Honor de los Periodistas españoles - que fue el primero concedido tras la aprobación del Estatuto de la Profesión periodística -, así como de una bandeja de plata con la firma de los 45 presidentes de las Asociaciones de la Prensa de España. El gran periodista don Pedro Aparicio, como presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España, ofreció aquél homenaje recordando que Herrera Oria era el primer periodista que llegaba al gran Senado de la Iglesia tras su elección por Pablo VI como cardenal. En la crónica de este importante acontecimiento que se celebró en el Palacio Episcopal de Málaga en junio de 1966, encontramos unas palabras del Cardenal Herrera Oria que nos ofrecen alguna de las claves de su compromiso con el periodismo. Dijo ante la representación de los periodistas españoles: "Me encontré muy joven al frente de un periódico madrileño y acepté el cargo como venido del cielo y con propósito de servir en él a Su Divina Majestad. Fueron para mi de un gran consuelo las palabras que oí de San Pio X en una audiencia singular, a la cual daba mayor intimidad el celebrarse de noche en la biblioteca del Santo Padre, que está casi a oscuras. Yo el ofrecí mi pluma de periodista y él puso detenidamente las manos sobre ella y dijo: Te la bendigo para que con ella sirvas a la Iglesia. Y he procurado servir a la Iglesia", afirmó el Cardenal para añadir que "mi contacto con la prensa es continúo. Yo la necesito". En este mismo acto y esta es otra de las claves del pensamiento de Herrera Oria, aludió a la relación entre Prensa e Iglesia y recordó la frase que en elogio de los periodistas se dijo de España y se repetía aquí: "Si San Pablo viviera en estos tiempos, sería Periodista". Aceptó don Ángel el reconocimiento de los periodistas españoles y de todas sus Asociaciones de la Prensa "porque el homenaje - afirmó - no queda en mi humilde persona. Deber mío es trasladarlo a cuántos contribuyeron conmigo a hacer el periódico que dirigí porque es sabido, que los grandes diarios como las grandes catedrales, como los grandes poemas, son obras anónimas". Pero la gran obra de Herrera Oria, antes de iniciar su etapa de sacerdote, obispo y cardenal, fue inmensa para concienciar a los católicos españoles desde los medios de comunicación en la que, además, destacó una vocación social tan importante y profunda, que no puede quedar en el silencio ni olvidada en las hemerotecas. Hay que sacarla a la calle, para que la opinión pública la conozca y la valore. Solo debatiendo, descubriendo e interesando a las nuevas generaciones por la personalidad y el papel jugado en la Historia de España por don Ángel, con todas las claves humanas, sociales, culturales y religiosas, nos permitirá identificarnos con uno de los cántabros más importantes de este siglo XX. Quiero reproducir, a modo de final de esta conferencia, el párrafo escrito por Escudero García en su libro "Conversaciones sobre Ángel Herrera Oria". Se puede encontrar en la página 99: "Diré, para terminar, que Herrera ha sido aún más que todo lo que se diga de él, como si se tratase de un monumento que permanece, solitario, en la llanura de la historia. El ha configurado el pensar, el sentir y el hacer de varias generaciones de católicos españoles y no sólo para darles mayor presencia en la sociedad, en la cultura y en la política de su país, sino para hacerles mejores católicos. Y no debe extrañar que incluso éstos le olviden al dar razón de sí mismos. Los grandes hombres ganan su supervivencia desapareciendo como la semilla desaparece en la tierra: diluyéndose en la gran corriente que ellos hicieron nacer". Desde estas reflexiones, de nuevo reitero mis felicitaciones públicas a la Comisión Pro-Canonización del Cardenal Herrera Oria para que siga con sus fructíferos trabajos y logre tan noble fin para orgullo de todos, pero en especial de esta tierra cántabra a la que amó porque aquí estaban sus raíces y algunas de sus obras sociales más predilectas. La canonización de don Angel Herrera Oria significará un hecho trascendente para esta tierra a la que amamos y honran figuras preclaras como el Cardenal y un gran honor para el periodismo español y, sin duda, para la Iglesia y la comunidad cristiana española. Muchas gracias. |