| Pregón de las fiestas patronales 1998 de El Zapatón (Torrelavega), a cargo de José Ramón Saiz Amigos y convecinos de El Zapatón: Se abren estas fiestas que son vuestras pero también nuestras como ciudadanos que somos de Torrelavega, en lo que representa una rica y positiva aportación a la vida de la ciudad. Año tras año habéis conseguido un justo reconocimiento y una sana rivalidad con las fiestas tradicionales de la ciudad, lo que pone de manifiesto vuestra identidad con el barrio, vuestro esfuerzo por mejorarse y engrandecerle. Dicho esto, como preámbulo, os agradezco muy de veras el honroso y grato encargo de poner el pregón a vuestras fiestas que comienzan con una referencia sobre la historia de esta parte entrañable del viejo solar torrelaveguense. Alguien pudiera pensar que, en efecto, este es un bario nuevo. Pero siéndolo es, sin embargo, un lugar, un trozo de Torrelavega antiguo y con solera que ya aparece con su nombre de El Zapatón en el plano más antiguo de la villa, de septiembre de 1852, obra de don Hilario Ruiz Amado en el que se cita su nombre que lo toma, según afirma la tradición, de un enorme rótulo anunciando una zapatería, anticipo de la presencia comercial que con merecimientos se ganó Torrelavega. En la vieja calle del Zapatón existía una fuente de agua potable y un lavadero público, lo que significa que era punto de referencia en la vida ciudadana del día a día, a donde llegaban noticias, chismes y comentarios que más tarde, a través del único medio de comunicación que era el boca a boca, se difundíanpor otros puntos de la villa. Como barrio aparece, casi cuarenta años después, en la guía de El Dobra, en 1889, en la que se le cita con personalidad e identidad propia, junto a los de San Bartolomé, Mortuorio, Quebrantada y Miés de Vega. Fue, pasando las décadas, zona de esparcimiento y recreo, de encuentros y vivencias infantiles como recuerdan los torrelaveguenses que han vivido a caballo de los dos últimos siglos, viejos y añorados recuerdos, hoy arrollados por el progreso y el crecimiento de la villa que se transformó en ciudad hasta que, ya recientemente, se convirtió en barrio populoso al amparo de las nuevas políticas del suelo. Pensemos, por un momento, en la Torrelavega del siglo XIX y en este núcleo, que ya existía, de El Zapatón y en esa mirada a lo que fue nuestra villa, nos encontramos con este lugar en el que, en situaciones más adversas, nuestros antepasados disfrutaron de los montes que la rodean, de esa paz armoniosa que inunda el alma, con la estampa del vecino que al amanecer salía a la mina próxima para ganar unas pesetas, la sonoridad lejana de la campana de la iglesia, el chirrido de la carreta, que avanzaba lentamente por la estrecha cambera rebosando su carga de aromática hierva; todo un conjunto de sonidos, silencios, colores y aromas que representan "el sabor de la tierruca", de lo más próximo, del o nuestro, aquello que podemos evocar como mágico suelo -país de ensueño y amores- sus más hermosos colores, nos dio el generoso cielo. El Zapatón con sus problemas, conflictos y vivencias aparece con frecuencia en la prensa local de la Torrelavega del siglo XIX, desde las columnas de la histórica cabecera de El Impulsor hasta otras de menores ambiciones y existencia, como El Dobra, La Montaña, El Escajo o El Duende. Eran aquellos tiempos de la posta viajera cuyos carruajes paraban no muy lejos de este lugar y cuya llegada a la villa se adivinaba por el barullo ciudadano que provocaban y el polvo que levantaban las diligencias al transitar por los caminos resecos en épocas de estío. Es el tiempo de las tertulias en las reboticas y en los cafés en las que el ciudadano torrelaveguense despierta con su ansia de cultura, ilustración e intercambio de noticias que cantan los voceadores mayorales narrando novedades y noticias de las capitales y lugares por donde pasaron, que luego se trasladaban y discutían en ese lugar de comentarios y, a veces, de riñas que era el lavadero público de El Zapatón. Este barrio que fue vega en el pasado y mirador de las alturas que rodean a Torrelavega, quiere recordar en el pórtico de su fiesta a un poeta insigne, unpoeta de los nuestros, Jesús Cancio, que en su canto poético a las mujeres de Torrelavega, veo en sus primeros versos la visión que se alcanzaba desde este barrio de pequeñas casas que permitían observar un largo horizonte: La belleza ideal de nuestra Vega, De aquellas fiestas tradicionales sabemos que se caracterizaban por un trajín general: el Ayuntamiento ordenaba el arreglo de las calles yplazas, enriquecía su iluminación con bombillas y farolillos de colores y los carpinteros, generosos construían con grandes tablones de madera autóctona, un descomunal templete para la música. Los vecinos limpiaban las fachadas de sus viviendas y disponían sus casas y sus despensas para recibir a los parientes y amigos. Algo de este estilo de fiestas tenemos que recuperar para mantener nuestras tradiciones, en torno a la familia y la fiesta, el tiovivo, las barcas y las tómbolas que atronillaban los oídos con los hórridos ruidos de los altavoces, además de los puestos de avellanas y roscos, petardos, gafas de colores, pitos y cigarrillos de anís, confites y demás fruslerías, tan típicos en las viejas y tradicionales romerías de Cantabria. Hoy, en la modernidad de nuestros tiempos, El Zapatón y sus gentes que se apuestan a afrontar el Tercer Milenio reconocen y agradecen el esfuerzo de los torrelaveguenses que vivieron en este barrio de la villa con la organización de estas fiestas que ofrecen un poco de su personalidad. En este alto en el camino que hacéis y hacemos los torrelaveguenses en general con vuestras fiestas, olvidamos por unas horas las preocupaciones y los trabajos, los proyectos que a todos ocupan y a algunos agobian y a regar, con el vino alegre de la cortesía y la hermandad, vuestras raíces, que son raíces muy profundas entroncadas en la historia general de Torrelavega. Cuando me dispongo a agotar este pregón, recuerdo que un insigne escritor preguntó en honor a nuestra tierra: ¿Cántabros?. Ya es cosa seria. Si a esta afirmación de voluntad de nuestro pueblo, añado, hoy y aquí, en el comienzo de vuestra fiesta ¿Torrelaveguenses de El Zapatón?, puedo decir con voz clara y convencida: ¡Señores, descubrirse!. Si, nos descubrimos por vuestro tesón y firme voluntad, por el carácter de identificarnos con vuestro barrio, por vuestra permanente lucha de dignidad y rigor por la solución de vuestros problemas, que conozco pero que también se de vuestro empeños e ilusiones para conseguir superarlos y que como trabajos para engrandecer el barrio, no olvidéis que también contribuís a hacer una ciudad mejor. Permitidme aconsejaron que no desmayéis en vuestros retos y reivindicaciones, sentir que estáis en una barca en pie de igualdad que el resto de habitantes de esta ciudad y empuñando el remo, acompañando el esfuerzo, tirar todos en la misma dirección, no permitir que ninguna vía de agua penetre en la embarcación y así podéis estar seguros que las cosas empezarán a cambiar de verdad. Os lo deseo con el ofrecimiento de mi colaboración y el aliento de cuantos os reconocemos vuestro espíritu positivo y constructivo en la noble tarea de engrandecer a Torrelavega desde el amor a vuestro barrio, que por histórico, es raíz de identidad de este pueblo que formamos los torrelaveguesnes. |