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| Agapito Depás, un mensajero de Ha muerto Emilio Revuelta, Agapito Depás, en una jornada normada y sentida como todas y con un adiós cargado de igual sencillez. Pocos se enteraron de su muerte en la misma jornada que ocurrió, acaso porque hasta él mismo deseara una muerte sin grandes necrológicas. Conocí a Agapito Depás en un verano torrelaveguense en el que, como aspirante a periodista, frecuentaba Radio Torrelavega, emisora de la que Agapito Depás era cronista, para introducirme en ese mundo tan misterioso como mágico y apasionante de la radio. Muchas tardes conversé con Emilio Revuelta porque era agradable la charla y muchos de sus conocimientos, vivencias y relatos sobre nuestros pueblos, las costumbres, la forma de ser de nuestras gentes, eran desconocidas para mí. No era un tiempo perdido el diálogo con Agapito Depás sobre todo para interlocutores apasionados por conocer cosas, detalles y relatos vivos de nuestras comarcas y pueblos. Agapito Depás fue un hombre inquieto por las cosas de nuestras gentes. Siempre estaba al último detalle de la tradición de un pueblo, del personaje de un valle cántabro de la gastronomía de un rincón lebaniego, o de las costumbres y fiestas de una aldea. Agapito Depás lo sabía prácticamente todo sobre nuestros pueblos, y sobre nuestras gentes y lo contaba con sencillez, con el lenguaje popular, con el tono justo de humor o de satisfacción, con la alegría de un hombre que siempre profundamente la dinámica histórica o costumbrista de su pueblo. La última vez que vi a Emilio Revuelta (en realidad a Agapito Depás para todos) fue en el Cine Avenida, de Cabezón de la Sal, en la entrega de los premios del concurso “Pedro Escalante Huidobro” de poesía y relatos costumbristas. Le encontré cansado y doblado por una enfermedad que él escondía a todos; sin embargo, me impresionó su espíritu joven, pues allí estaba como un activo y esperanzado concursante que, además, le sirvió para lograr uno de los primeros galardones poéticos de aquella jornada tan cántabra. Ya no supe más de Agapito Depás hasta las notas de prensa que han anunciado su fallecimiento. Y he querido trazar estas sencillas líneas sobre Agapito Depás porque aun no siendo en vida su amigo ni tampoco pertenecer a su generación, debemos valorar profundamente su dedicación a éste, a veces incomprendido deber de escribir, a su enorme pasión por las realidades vivas de nuestra región, a su fina sensibilidad por conectar con las cosas y causas populares en cuanto a tradiciones, gustos y aficiones de nuestro pueblo. Agapito Depás fue en esto un maestro y así debo reconocerlo en este mi recuerdo-homenaje. Sin hombres como Agapito Depás, infatigable viajero por descubrir los encantos, las alegrías, las frustraciones y las esperanzas de nuestro pueblo desde una perspectiva cívica y costumbrista. Cantabria se nos agotaría entre nuestras manos porque Cantabria no es nada sin la fuerza creadora y viva de las tradiciones de sus pueblos. Descanse en paz Emilio Revuelta y siga entre nosotros el mensaje de pasión por La Montaña, sus costumbres y tradiciones, de Agapito Depás. EL DIARIO MONTAÑÉS - 26 de marzo de 1984 |
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